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Hispanic American Center for Economic Research


 


CIEN AÑOS DE HAYEK

Por Donald J. Boudreaux

La economía me cautivó desde el momento en que por primera vez vi un gráfico de oferta y demanda sobre el pizarrón. Esto fue en enero de 1977. Por aquel tiempo era un estudiante de dieciocho años de la Nicholls State University, en Thibodaux, Louisiana. Sin perder el tiempo, solicité a mis profesores de economía consejos sobre qué leer en materia económica. Uno de ellos, Bill Field, me habló sobre Milton Friedman. Pronto comencé a leer sus columnas en Newsweek e inmediatamente me atrajo su pasión y su lógica. En particular uno de sus artículos titulado Free no Fair me cautivó por completo; Friedman sostiene en él que los intentos del gobierno por planificar una especie de equidad terminan siempre restringiendo la libertad humana. Poco tiempo después leí el libro Capitalism and Freedom de Milton y Rose Friedman. La contundencia de su pensamiento lograba demolerme. Así fue como disfruté realmente de mi nuevo descubrimiento intelectual.

MIS PRIMEROS PASOS HACIA LA OBRA DE HAYEK. Una tarde, luego de leer un escrito de Friedman, me dirigí exaltado hacia la oficina de Bill Field, lugar donde fui siempre bienvenido, para anunciarle que en mi opinión Friedman era sin dudas el más grandioso economista en vida. Pero, según Bill, Friedman merecía un segundo lugar en ésta jerarquía. Sin poder concebir lo que escuchaba, pregunté quién era entonces el primero. Allí fue cuando escuché su nombre por primera vez: Friedrich A. von Hayek.
Sin vacilar, respondí que nunca había escuchado hablar antes de él. Acto seguido, Bill me entregó un libro sugiriéndome la lectura de un artículo del capitulo cuarto titulado: The Use of Knowledge in Society. Si bien me advirtió que yo no tendría conocimientos suficientes como para comprenderlo en su totalidad, me alentó a intentarlo, prestándome su copia de "Individualism and Economic Order", publicado en 1948. Esa misma noche leí aquel artículo, publicado originalmente en la edición de Septiembre de 1945 del "American Economic Review".
Bill no se equivocaba, porque si bien pude comprender muy poco de la totalidad del artículo, no tardé en captar su esencia. Este afirmaba que los mercados permiten a las personas obtener beneficios a partir de los conocimientos ajenos. Esta visión es tan profunda que no tardé en percibir que se encontraba bajo mis ojos el producto de una mente tan sabia y profunda, que no podría jamás dejarme llamar economista si no adquiría mayores conocimientos sobre la obra de aquel hombre.
El día siguiente, luego del interrogatorio de Bill acerca de mi comprensión del artículo de Hayek, juntos nos encontramos en la primera de las tardes (que luego se tornarían incontables) de reflexión sobre los trabajos de Hayek. Tiempo después, Bill me introdujo en los escritos de otros grandes economistas como P.T. Bauer, James Buchanan, Israel Kirzner, Ludwig von Mises (profesor de Hayek) y Joseph Shumpeter. Debo confesar, que si bien disfruté y aprendí de todos ellos, hasta el día de hoy Friedrich A. Hayek continúa siendo para mí el más grande economista del siglo.

LA REVOLUCIÓN IDEOLÓGICA DE HAYEK. Ya a fines de los '70, todavía activo y más de una década antes de su muerte en 1992, las fotos de Hayek revelaban un hombre de avanzada edad. Él fue quien algún día desafiara a Keynes por el puesto de "gran economista" de los años treinta. Él fue el erudito cuyo libro más famoso, The Road to Serfdom, fue publicado catorce años antes que yo naciera.
Aún hoy, dondequiera que leo sus palabras, siento fluir en mi mente fuertes torrentes de conocimiento y comprensión. Aquellas no fueron las palabras de un anciano cuyo tiempo ha transcurrido hace muchos años. Sin lugar a dudas, aquellas palabras constituyen la visión más profunda y abstracta de la propia naturaleza de la economía, la política y el derecho. Aquellas palabras fueron revolucionarias, puesto que entender a Hayek no significa solamente comprender la ineptitud del gobierno para "beneficiar" a la humanidad superando la efectividad de un mercado libre, sino que implica también aceptar que no podemos confiarle al Estado la responsabilidad de proporcionar dinero y ley (materia que según la mayoría de los economistas sólo puede manejar el Estado). Más allá de lo dicho, las explicaciones de Hayek sobre las limitaciones inherentes al gobierno y la maravillosa habilidad del mercado para coordinar pacificamente la actividad humana de modo de convertirla en una verdadera fuente de talento, se fundan en verdaderos principios irrefutables, más que en desarrollos algebraicos o frases hechas. Conocer a Hayek significó para mí la mayor guía intelectual con la que hubiese podido soñar.
Durante mi juventud leí una significativa cantidad de sus ensayos y libros. Fue por aquel tiempo, que abordé al que aún contemplo como su trabajo más preciado: los tres volúmenes de Law, legislation and Liberty. En ellos Hayek desarrolla en su totalidad y muy claramente, la idea de un "orden espontáneo". También explica porqué la metodología del common-law se encuentra en un plano muy superior al del método legislativo de concepción de leyes y a la codificación. Incluso hoy en día, siguiendo su ejemplo, no acepto la utilización de la palabra "ley" para hacer referencia a la "legislación". Ciertamente, esta última es muy diferente a la anterior. Gracias a la influencia de Hayek, me he convencido de que el hábito de utilizar indistintamente las referidas palabras suministra a la legislatura una autoridad que no le pertenece. Los legisladores no son quienes "hacen el derecho" sino, más precisamente quienes lo destruyen. La legislación interrumpe las reglas del common-law, que constituyen modelos de expectativas convertidas en ley con el paso de los años y una intensiva práctica. ¿Qué podría motivar a los legisladores a rechazar esta concepción de ley? La capacidad de expoliar a quienes son políticamente débiles en beneficio de los más fuertes.
Hayek escribió memorables tratados de economía, filosofía política y derecho; y una serie de artículos contundentes destinados a disipar dudas. Uno de sus artículos más recordados fue la respuesta a John Kenneth Galbraith acerca de su efecto dependencia en el año 1961. Galbraith alegaba, que en una sociedad moderna, era la publicidad la que creaba necesidades en los consumidores. Luego, al ser éstas necesidades creadas de manera artificial, no debía aplaudirse al mercado por satisfacerlas.
Hayek, oponiéndose a dicha afirmación, señaló que prácticamente todas nuestras necesidades reciben esencialmente la influencia del entorno cultural. No hay nada particular o siniestro en que la Madison Avenue intente satisfacer los deseos que ayuda a crear. Hayek demostró que es mucho mejor que exista una pluralidad de productores haciendo publicidad para competir por la clientela, que concebir a un gobierno que contenga a la gente para que gaste sus ingresos según la moda de cierta elite política.
El 8 de mayo, junto a todos mis amigos, celebraré el centenario del nacimiento de Hayek. En primer lugar llamaré a mi antiguo profesor, Bill Field, y le agradeceré una vez más por haberme introducido en la obra de Hayek. Luego releeré The Use of Knowledge in Society y reflexionaré acerca del inmenso conocimiento con que éste ciudadano británico nacido en Austria contribuyó a la causa de la libertad humana. ¡Feliz cumpleaños Profesor Hayek!.

Donal J. Boudreaux es presidente de The Foundation for Economic Education.
Este artículo fue originalmente publicado en la edición de mayo de la revista The Freeman.
Traducción de Eneas A. Biglione y Karina Felcaro

 

 

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