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BASTIAT: PALADIN DE LA LIBERTAD ECONOMICA
Por Richard M. Ebeling
La defensa de la libertad económica nunca fue una tarea
sencilla. Adam Smith expresó su propio pesimismo sobre ese
problema en La riqueza de las naciones. Tras exponer su enérgica
crítica al mercantilismo -el sistema de regulación
y planificación gubernamental característico del siglo
XVIII-, sugirió que la instalación del comercio libre
en Gran Bretaña era algo tan poco probable como la concreción
de una utopía.
Smith sostenía que dos factores hacían poco prometedor
el éxito de la libertad económica. "No sólo
los prejuicios del público", mantenía Smith,
"lo que resulta mucho más difícil es conquistar
los intereses privados de muchos individuos, que se oponen inexorablemente".
Al referirse a los prejuicios del público, Smith aludía
a la aparente dificultad de muchas personas comunes para guiarse
por los argumentos abstractos y complejos de los teóricos
económicos que demuestran los efectos superiores del libre
comercio, comparados con las distintas formas de intervención
y control gubernamental. Y al referirse al interés privado
de muchos individuos, Smith tenía en mente una gran variedad
de grupos con intereses especiales que se benefician y, por lo tanto,
siempre intentarán ejercer grandes presiones para mantener
las regulaciones del gobierno que limitan o impiden la libre competencia.
Smith temía que la combinación de esos dos factores
impediría de manera permanente que la lógica de una
economía libre ganara terreno en los ámbitos de las
ideas y de la política.
En el siglo XIX, sin embargo, hubo un defensor de la libertad que
se destacó en el arte de hacer entendibles para el hombre
común las complejidades del razonamiento económico:
Frédéric Bastiat, el economista francés liberal
clásico. Más de un historiador del pensamiento económico
destacó la habilidad especial de Bastiat para debilitar los
argumentos a favor del proteccionismo, del socialismo y del intervencionismo.
Sir Alexander Gray, por ejemplo, dijo que "nadie hizo lucir
tan extremadamente ridículos los argumentos de sus antagonistas
como Bastiat. Todavía hoy resulta placentero leer sus obras
más efímeras, por su ingenio, su despiadada mordacidad
y la astucia con la que arremete contra sus oponentes." Lewis
Haney hizo referencia al "estilo agradable y luminoso de Bastiat"
y a su "brillante manera" de apelar a las masas "con
fábulas e ironías".
Eduard Heimann, un crítico de la economía de mercado,
lo describió como "un brillante escritor, que logró
fama mundial con la parábola del fabricante de velas, en
la cual, debido a la competencia desleal que ejerce el sol, el fabricante
de velas solicitaba protección con el propósito de
que toda la comunidad se enriqueciera con esa industria". Charles
Gide y Charles Rist señalaron que si bien "los proteccionistas
modernos ya no hablan de 'la inundación de un país'
o de la 'invasión de bienes externos'... pocas veces recordamos
que todo esto es gracias a los pequeños, pero admirables,
panfletos que escribió Bastiat. [...] Nadie demostró
con más mordacidad lo ridículo e inconsistente de
hacer túneles en las montañas que dividen a los países,
con el objeto de facilitar el intercambio, y al mismo tiempo poner
trabas aduaneras a cada extremo de esos túneles". E
incluso en su propio tiempo, cuando la pluma de Bastiat se agitaba
con agudeza contra las ideas proteccionistas y colectivistas de
su época, William Scott destacó que el liberal francés
tenía una actitud tranquila y elegante, y pese a ser incisivo
en sus críticas, mostraba aprecio por aquello que movilizaba
a sus adversarios. Reconocía en ellos el deseo de promover
el bienestar de la sociedad, pero deseaba simplemente mostrarles
que estaban en el camino equivocado, y de ser posible, guiarlos
por el camino correcto.
En virtud de esas cualidades, Joseph A. Schumpeter lo llamó
"el periodista económico más brillante que haya
vivido jamás". Y Ludwig von Mises lo denominó
"un estilista brillante, cuyos escritos brindan un placer muy
genuino... Su crítica a todo tipo de proteccionismo y otras
tendencias relacionadas es, todavía hoy, inmejorable. Los
proteccionistas e intervencionistas no han podido esbozar ni una
sola palabra como réplica objetiva y pertinente".
Otros autores moldearon algunas de sus obras bajo su influencia.
A comienzos del siglo XX, el economista francés defensor
del mercado libre Yves Guyot dijo que su pequeño libro, Prejuicios
Económicos, seguía las huellas de Bastiat, con el
propósito de "exponer verdades de un modo práctico
y adecuado, fácil de recordar, de criticar errores a través
de constataciones que cualquiera pueda practicar", como Bastiat
había hecho medio siglo antes. Y por supuesto la adaptación
más famosa e influyente del método y abordaje de Bastiat
en el siglo XX fue Economía en una lección, de Henry
Hazlitt, en donde el autor declara: "La presente obra puede,
de hecho, considerarse como una modernización, ampliación
o generalización del enfoque que se encuentra en el panfleto
de Bastiat conocido como Lo que se ve y lo que no se ve".
HUERFANO A LOS NUEVE AÑOS.
El bicentenario del nacimiento de Bastiat constituye un momento
propicio para valorar su defensa de la libertad económica
y el valor de la perdurabilidad de esa libertad. Claude Frédéric
Bastiat nació el 30 de junio de 1801, en Bayonne, Francia.
Era hijo de un prominente comerciante. Su madre murió cuando
él tenía siete años y su padre, dos años
más tarde, cuando Frédéric apenas alcanzaba
los nueve. Lo crió una tía que se encargó también
de que asistiera al College of Sorèze, a los 14 años.
Pero a los 17 abandonó antes de graduarse e ingresó
a la empresa comercial de su tío en Bayonne. Poco tiempo
después se topó con las obra del economista francés
de la corriente liberal clásica Jean-Baptiste Say, que le
transformaron la vida y su manera de pensar. Se embarcó en
un serio estudio de economía política y pronto descubrió
las obras de muchos otros escritores de esa corriente de Francia
y de Gran Bretaña.
En 1825 heredó de su abuelo una modesta propiedad en Mugron
y permaneció ahí hasta 1846, cuando se mudó
a París. Durante esos 20 años, Bastiat dedicó
casi todo su tiempo a absorber una vasta cantidad de literatura
sobre una gran variedad de temas, intercambiando libros e ideas
con su amigo Félix Coudroy. Coudroy tenía una tendencia
socialista y Bastiat comenzó a refinar su destreza en la
escritura y en el pensamiento, formulando los argumentos que finalmente
hicieron que su amigo se volcara hacia una filosofía de libertad.
A finales de 1820 y durante la década entre 1830 y 1840,
Bastiat escribió monografías y ensayos sobre diversos
temas económicos. Pero su reputación como escritor
comenzó en 1844, tras publicar primero un extenso artículo
en defensa del libre comercio y después una monografía
sobre Cobden y la Liga: El movimiento inglés a favor del
comercio libre. Mientras escribía estas obras, Bastiat comenzó
a intercambiar correspondencia con Richard Cobden, uno de los principales
dirigentes de la Liga británica contra la ley de aranceles
a los granos, la asociación que luchaba para revocar todas
las barreras arancelarias al comercio libre. Los dos defensores
de la libertad económica se hicieron grandes amigos, y se
apoyaron mutuamente en la causa por la libertad.
El éxito de estos escritos y la inspiración que constituyó
el éxito de Cobden tras las actividades a favor del comercio
libre que condujeron al final del proteccionismo en la agricultura
en Gran Bretaña en 1846, hicieron que Bastiat se mudara a
París con el objeto de crear una asociación francesa
a favor del libre comercio y de lanzar Le Libre Échange,
un periódico dedicado a esa causa. Durante dos años,
Bastiat trabajó para organizar y fomentar el libre comercio.
Al principio, logró atraer a diversas personas del comercio
y de la industria que apoyaron sus actividades. Éstas incluían
los discursos, el diseño de la legislación para revocar
las leyes proteccionistas francesas y la confección de escritos
para modificar la opinión pública. Pero fue en vano.
Había muchos intereses creados de aquellos que se beneficiaban
con los privilegios y favores que recibían del gobierno,
y Bastiat no logró despertar un interés sostenido
por su causa en la opinión pública. Daba la impresión,
de que al menos en Francia, lamentablemente, Adam Smith no se hubiera
equivocado respecto a los prejuicios del público y al poder
de los intereses de algunos individuos.
BASTIAT INGRESA EN LA LEGISLATURA.
Después de la revolución de febrero de 1848, Bastiat
empezó su carrera en política, siendo primero miembro
de la Asamblea Constituyente de Francia y después de la Asamblea
Legislativa. Tras dedicar la mayoría de sus escritos a demostrar
las falacias de los argumentos a favor del proteccionismo, Bastiat
volcó su atención hacia un nuevo enemigo de la libertad
económica: el socialismo. En la Asamblea Legislativa pronunció
enérgicos discursos contra programas de obras públicas,
esquemas de garantía de empleo nacional, propuestas de redistribución
de riquezas, nacionalización de la industria, y argumentos
para la expansión de controles burocráticos sobre
la vida social y económica. Pero debido al deterioro de su
salud a causa de una tuberculosis que le debilitó la voz,
se volcó hacia la palabra escrita y produjo una gran cantidad
de ensayos que detallaban lo absurdo de los argumentos de los socialistas.
Bastiat asistió por última vez a la Asamblea en febrero
de 1850. En la primavera de ese año su salud se había
deteriorado de modo tal que tuvo que abandonar sus responsabilidades
legislativas y retirarse por el verano a los Pirineos, en el sur
de Francia. Regresó a París en septiembre y, antes
de viajar a Italia en busca de una cura para la tuberculosos, visitó
a sus amigos en la lucha por el libre comercio. Murió en
Roma el 24 de diciembre de 1850, a los 49 años.
El legado intelectual de la lucha de Frédéric Bastiat
por la libertad económica se encuentra en tres volúmenes.
Dos de ellos son recopilaciones de sus ensayos y artículos
más mordaces, ingeniosos y perspicaces, y se encuentran en
inglés con los títulos Economic Sophisms y Selected
Essays on Political Economy (Sofismas económicos y Ensayos
Selectos sobre economía política). Durante los últimos
años de vida, Bastiat dedicó parte de su tiempo a
una obra abarcativa sobre filosofía social y principios económicos,
publicada como Economic Harmonies (Armonías económicas).
Como destacó Henry Hazlitt acertadamente, la idea central
de la mayoría de los escritos de Bastiat se encuentra en
su ensayo Lo que se ve y lo que no se ve, que fue lo último
que escribió antes de su muerte en 1850. En ese ensayo, Bastiat
señala que los efectos inmediatos de toda acción o
política son con frecuencia muy distintos a las consecuencias
a largo plazo, y que estas consecuencias más remotas pueden
ser, de hecho, opuestas a lo que uno originalmente buscaba o había
planeado.
Bastiat aplicó el principio de lo que se ve y lo que no se
ve a los impuestos y a los puestos gubernamentales. Cuando un gobierno
fija impuestos, lo que se ve es una cantidad de trabajadores empleados
y el resultado de su trabajo: una ruta, un puente o un canal. Lo
que no se ve son todas las otras cosas que podrían haberse
producido con el dinero que se destinó a impuestos si no
se lo hubieran quitado a los individuos del sector privado y si
los recursos y las personas empleadas por el gobierno hubieran podido
servir a los deseos de esos ciudadanos privados. El Gobierno, según
explicaba Bastiat, no produce nada propio que no sea mediante los
recursos y la mano de obra que desvía de los usos privados.
Esta percepción simple pero profundamente importante es el
arma teórica mediante la cual Bastiat demuestra los errores
y las contradicciones de las ideas tanto de los proteccionistas
como de los socialistas. Así, en sus ensayos Abundancia y
escasez, Obstáculo y causa, y Esfuerzo y resultado, Bastiat
demuestra que las trabas y prohibiciones a la libertad de comercio
conducen sólo a la pobreza.
TANTO CONSUMIDORES COMO PRODUCTORES.
Bastiat señala que todos somos consumidores y productores.
Para consumir un bien debemos hacerlo nosotros mismos o hacer algún
otro bien que creemos que otra persona va a intercambiar por el
bien que deseamos. Como consumidores deseamos la mayor cantidad
de bienes al menor precio posible. Pero como productores queremos
que haya cierta escasez de los bienes que ponemos en el mercado.
Cuando se abre la competencia, que implica que todos los intercambios
son voluntarios, el único modo de "capturar" clientes
y ganar una entrada que nos permita, a su vez, ser consumidores
es ofrecer mejores bienes, en mayor cantidad y más baratos
que nuestros competidores. El método alternativo, advierte
Bastiat, consiste en acudir al gobierno, como productores, para
obtener de nuestros vecinos lo que no logramos obtener a través
del comercio pacífico, no violento en el mercado.
He aquí la famosa distinción de Bastiat entre el saqueo
legal y el ilegal. El propósito del gobierno, dice, es precisamente
garantizar los derechos del individuo a la vida, a la libertad y
a la propiedad. Sin esa garantía los hombres se verán
reducidos a una vida primitiva signada por el miedo y la necesidad
de autodefensa, en la que cada vecino será un potencial enemigo
listo para saquear lo que otro ha producido. Si un gobierno se limita
estrictamente a proteger los derechos de los hombres, la paz prevalecerá
y los hombres podrán trabajar para mejorar sus vidas, asociándose
con sus vecinos en la división del trabajo y en el intercambio.
Pero el gobierno también puede volverse en contra de aquellos
a quienes se supone debería proteger en su propiedad. Puede
surgir un saqueo legal en el que los poderes del gobierno son utilizados
por varios individuos o grupos para impedir que los rivales compitan,
con el objeto de restringir oportunidades de intercambio local o
extranjero entre otros consumidores de la sociedad, y en consiguiente,
robar la riqueza de los otros. Este, argumenta Bastiat, es el origen
y la base del proteccionismo, la regulación y los impuestos
redistributivos.
Pero las consecuencias del saqueo legal no se limitan sólo
a la legitimación del robo y a un desmoronamiento de la moral
mediante el desdibujamiento de la distinción entre el bien
y el mal -pese al peligro y a la importancia crucial que esto signifique
para una estabilidad y un bienestar de la sociedad a largo plazo-.
Tales políticas reducen, necesariamente, la prosperidad de
la sociedad.
Todas las protecciones al comercio, todas las restricciones regulatorias
locales, todas las leyes de impuestos redistributivos por encima
del mínimo indispensable para asegurar una protección
ecuánime de los derechos de todos los individuos, insiste
Bastiat, reducen la producción y la competencia de la sociedad.
La escasez reemplaza a la abundancia. Limitar la competencia reduce
la oferta de bienes disponibles a todos los miembros de la sociedad.
La imposición de barreras proteccionistas sobre el comercio
exterior o regulaciones locales en la producción disminuye
la disposición general de bienes y los hace más costosos.
Toda la sociedad, a largo plazo se ve empobrecida. Y en esta línea
argumental Bastiat llega a su famosa conclusión de que el
estado es esa gran ficción a través de la cual todos
tratan de vivir a costillas de los demás.
¿Tienen que vivir así los hombres? El saqueo ilegal
y el saqueo legal, ¿son la única forma de existencia
social? La respuesta de Bastiat es "no". En Armonías
Económicas, intentó explicar la naturaleza y la lógica
de un sistema de asociación humana pacífica a través
de la producción y el comercio. Los historiadores del pensamiento
económico y otros críticos de Bastiat dijeron que
esta obra demuestra que, pese a sus brillante talentos periodísticos,
no logró ser un teórico de la economía serio.
Se refieren a su utilización de una forma de la teoría
del valor del trabajo o a su deficiente teoría de ahorros,
capital e interés.
Pero más allá de estos errores y limitaciones hay
un aspecto de Armonías económicas que todavía
lo hacen perspicaz. Armonías económicas intenta ofrecer
una visión a gran escala de las relaciones causales entre
el trabajo, la división del trabajo, el intercambio voluntario
y el mejoramiento mutuo de la situación de los hombres, así
como la importancia de la propiedad privada, la libertad individual,
y el libre comercio a nivel local e internacional. En la libertad
radica la armonía social dado que cada persona ve a su vecino
no como su enemigo sino como su compañero en el proceso en
marcha del mejoramiento humano. Cuando las relaciones se basan en
el consentimiento y en el acuerdo mutuo, no puede haber saqueo,
sólo una prosperidad asegurada, cuando todos trabajan para
intercambiar con sus vecinos y obtener todas los bienes necesarios
para mejorar su vida y la de todos.
Si uno se limita al observar el período durante el cual Bastiat
dedicó todos sus esfuerzos a luchar por la libertad y el
libre comercio, la conclusión parecería ser que su
vida terminó en un fracaso. Durante su vida y luego de su
muerte, Francia permaneció bajo el poder del espíritu
proteccionista e intervencionista, y nunca logró el grado
de libertad económica del que gozaba Gran Bretaña
a lo largo de la segunda mitad de siglo XIX.
Sin embargo, la vida de Bastiat debería verse como un éxito
glorioso. Pasados 150 años de su muerte, cada nueva generación
de defensores de la libertad económica se inspiró
en sus escritos. Sus fábulas y ensayos resultan tan actuales
como si hubieran sido escritas ayer, porque apela a la naturaleza
subyacente de la asociación humana y a los peligros de la
invasión política al orden social y del mercado.
Richard M. Ebeling es titular de la
cátedra Ludwig von Mises en el Hillsdale College, Michigan,
y Vicepresidente de Asuntos Académicos en The Future of Freedom
Foundation (www.fff.org).
Este artículo fue originalmente publicado en la revista Ideas
on Liberty. Permiso para traducir y publicar otorgado por The Foundation
for Economic Education (www.fee.org) a la Fundación Atlas
para una Sociedad Libre.
Traducción de Mariana Pacheco.
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