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¿Qué Hayek no realizó
contribuciones? ¡De ninguna manera!
Por Roger W. Garrison
A fines del año pasado, Paul Krugman, ganador del prestigioso
John Bates Clark Award en 1991, difundió un muy polémico
juicio de valor en la revista Slate: "Si alguien preguntara
cuáles han sido los principales aportes realizados por Hayek
para entender cómo funciona el mundo, uno no sabría
qué decir. Si no hubiese sido por sus escritos políticos,
Hayek hubiera sido virtualmente olvidado".
Pocas semanas antes de que Krugman escribiera esto, el editor de
Barron's, Gene Epstein, describió a este engendro de la Yale
University, como un auténtico "economista teórico
del MIT (Massachuset's Institute of Technology)".
Epstein adoptó en su artículo una postura de respeto
aunque ligeramente crítica, al preguntarse si Krugman no
había cometido un error de omisión. Sus escritos acerca
del tema de las recesiones parecen sugerir que realmente conoce
muy poco de la teoría del ciclo económico de Hayek,
construida sobre los esfuerzos de Carl Menger, Eugen von Böhm-Bawerk
y Ludwig von Mises. De hecho, Krugman admitió que no se encontraba
familiarizado con las teorías austríacas.
Esto hecho me recuerda el peculiar episodio en el que John Maynard
Keynes examinó la Theory of Money and Credit de Mises, publicada
en alemán, culpando a su autor por no haber propuesto nada
original y resaltando que después que la leyó (en
alemán) comprendió "sólamente la parte
que ya sabía". Tal es así, que si pretendemos
conocer a Hayek a través de Krugman, no lograremos saber
verdaderamente nada de él. Hayek no obtuvo el Premio Nobel
por sus escritos políticos, sino por su trabajo sobre la
teoría del ciclo económico. Debemos entonces preguntarnos
¿por qué no está Krugman completamente familiarizado
con las contribuciones de Hayek?
Si bien Krugman no es seguidor de las teorías austríacas,
es quizás, un estudioso muy puntilloso. En la misma ocasión
en que le negó a Hayek toda reputación como teórico
de la economía, atacó con sarcasmo a los austríacos
y a su "teoría resaca" sobre las recesiones. Aunque
no identificó expresamente al artículo de Barron's
o a su autor como la chispa que hizo estallar la tormenta, claramente
le estaba contestando a Epstein.
El término "teoría resaca" pretende obviamente
denigrar la consideración austríaca sobre el boom
insostenible. Sin embargo, es este un término descriptivo
de muchas teorías modernas del ciclo económico. La
idea de que después de los booms vienen las recesiones así
como después de las parrandas quedan las resacas, se encuentra
presente tanto en la postura monetarista como en la neoclásica.
Incluso nuestros libros de textos escolares de segundo año,
presentan alguna versión de esta "teoría resaca".
A fines de la década del '70, la analogía entre el
abuso de las herramientas monetarias y el abuso de sustancias ilegales
se difundió en todo el mundo financiero. Una caricatura memorable
de la época mostraba a un banquero de Wall Street hablando
con su hijo adolescente y diciéndole: "Piénsalo
de ésta manera Timmy, tomar drogas es un poco como expandir
la oferta monetaria...".
Pero la concepción austríaca de esta "teoría
resaca" es única. Sostiene que la incorrecta asignación
de recursos durante el periodo del "crédito barato"
da la sensación de crecimiento genuino, que en verdad es
superficial, seguido de sensaciones muy negativas. El hecho de comprometer
demasiados recursos en proyectos que darán resultado sólo
en un futuro remoto tiene, como contrapartida la escasez de recursos
para producir resultados en un futuro cercano. Cuando la mala asignación
de recursos se evidencia, sigue luego un período de reasignación
al que llamamos recesión.
Esto no niega que un intenso incremento en la demanda monetaria
(o un derrumbe en la oferta monetaria) pueda retardar seriamente
la recuperación, como ocurrió en los años '30.
Pero Krugman quiere hacernos creer que todo pasa por un simple desequilibrio
monetario. Según él, las personas, por alguna razón,
desean atesorar más dinero del que existe. Por consiguiente,
brinda una solución muy simple: imprimir billetes y dárselos
para que los guarden.
La idea de Krugman acerca de las recesiones puede observarse mejor
comparándola con las contrastantes ideas de Keynes y Hayek.
Estos archirrivales de los años '30 compartían el
criterio de que un incremento en la demanda monetaria era un aspecto
secundario de la depresión, pero no concordaban sobre cuál
era el problema principal. Mientras Keynes sostenía que el
principal problema era la propensión a colapsar de la demanda
de inversión en una economía descentralizada, Hayek
decía que el problema principal era la mala inversión
inducida por las políticas imprudentes del banco central.
Lo que Keynes y Hayek sostuvieron como un aspecto secundario del
problema, Krugman lo elevó a la categoría de principal.
Y luego, para confundir a cualquier historiador del pensamiento,
le atribuyó a Keynes la teoría de la recesión
basada en el aumento de la demanda monetaria.
Es así como rechazando las distintas "teorías
resaca", Krugman hace hincapié en la "incoherencia"
de la austríaca, preguntándose: "¿cómo
podrían las malas inversiones del pasado generar el desempleo
actual de buenos trabajadores?". La respuesta implícita
de Krugman es que esto no es posible y que por ende no se le debería
prestar atención a Hayek.
Al respecto, enfatizando la importancia del elemento tiempo en la
estructura de capital de la economía, los discípulos
de Hayek dirían que la inversión involucra la utilización
de los recursos en una manera determinada. Durante la depresión,
los trabajadores eficientes se encuentran desempleados porque el
capital que necesitan para trabajar ha sido entregado para proyectos
a largo plazo, que ahora tienen necesidad de ser liquidados. La
reacción de Krugman es deshacerse de las malas inversiones,
pero esto es demasiado superficial. Su consejo puede ser útil,
pero el proceso de mercado que lo implementa exige mucho tiempo.
Durante la reestructuración del capital hay una demanda muy
baja de trabajadores. Y una escasa demanda implica desocupación,
excepto bajo las suposiciones decididamente no austríacas
sobre ajustes del nivel de salario instantáneos y movilidad
casi infinita de la mano de obra.
Al reconocer que en la teoría austríaca el desempleo
se relaciona de algún modo con la reestructuración
del capital, Krugman se plantea otra pregunta: "¿Por
qué el boom de la inversión, que supuestamente requiere
de una transferencia de trabajadores desde los proyectos de corto
plazo a los proyectos de largo plazo, no genera también una
excesiva desocupación? Gottfried Haberler contesta la misma
pregunta en su libro Prosperity and Depression, publicado en 1937.
La respuesta es que cuando se da el 'boom' del crédito barato
hay un incremento neto en la demanda de trabajo. Y debido a las
bajas tasas de interés muchos trabajadores son removidos
desde trabajos en las etapas finales del proceso de producción
hacia trabajos en etapas tempranas. Sin embargo, durante la depresión,
hay una reducción neta de la demanda de la mano de obra.
Como la liquidación se encuentra en camino, los trabajadores
son retirados de los puestos más altos y son eventualmente
reabsorbidos por algún otro sector de la economía.
Estas preguntas han encontrado respuesta a partir de las contribuciones
de Hayek. Notablemente, dichas respuestas envuelven grandes dosis
de la teoría del capital, que sirven para apuntalar a la
teoría austríaca del ciclo económico. Un efecto,
hoy en día subsisitente, de Revolución Keynesiana
fue separar a la macroeconomía de estos fundamentos. Hoy
en día, la teoría del capital no tiene cabida en la
macroeconomía corriente y, por consiguiente, Hayek no es
reconocido por Krugman ni por otros macroeconomistas modernos. Una
verdadera lástima.
Roger W. Garrison
Este artículo fue originalmente publicado en la edición
de mayo de la revista The Freeman.
Traducción de Eneas A. Biglione y Soledad Bertossi
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