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LA LEY, DE FREDERIC BASTIAT
por Ricardo Manuel Rojas
Junto con sus contundentes escritos sobre economía, y su
incansable labor académica enfrentando al socialismo, Fréderic
Bastiat escribió, en 1850 poco antes de su muerte, La Ley,
una defensa del concepto de ley como vehículo para alcanzar
la justicia, basado en el reconocimiento de la naturaleza humana
y la consecuente preexistencia de los derechos naturales frente
al poder legislativo del Estado.
El presupuesto ya muy arraigado en esa época y que hoy es
casi indiscutible, de que la ley se identifica con la norma dictada
por el órgano legislativo, tenga el contenido que tenga,
chocó con los argumentos habitualmente sencillos y contundentes
expresados por un economista lógico e implacable. Durante
años, este brillante pensador había mostrado a través
de sus estudios económicos los estragos provocados por el
intento de regular legalmente el proceso económico. Ya al
final de su vida, posiblemente pensó que era bueno dedicar
algunas páginas directamente al concepto de ley, que mal
utilizado había provocado todas esas distorsiones económicas
a las que se había referido.
En su análisis, Bastiat partió de los tres elementos
constitutivos de la calidad humana, de los cuales se derivan los
derechos naturales: existencia, facultades y producción.
Lo dijo en estos términos:
"Existencia, Facultades, Producción -en otros términos,
Personalidad, Libertad, Propiedad-: he ahí al hombre.
"De esas tres cosas sí puede decirse, fuera de toda
sutileza demagógica, que son anteriores y superiores a cualquier
legislación humana.
"La existencia de la Personalidad, la Libertad y la Propiedad,
no se deben a que los hombres hayan dictado leyes. Por el contrario,
la pre-existencia de personalidad, libertad y propiedad es lo que
determina que puedan hacer leyes los hombres".
A partir de este reconocimiento, Bastiat dio una definición
de ley que se vinculaba no con la idea de reglamentar positivamente
la vida de las personas, sino de permitir el libre desenvolvimiento
de cada uno en procura de sus propias metas, actuando la ley como
un protector. De este modo explicó el pensador francés
por qué la ley debe ser definida como la organización
colectiva del derecho individual a la legítima defensa:
"Si cada hombre tiene el derecho de defender, aun por la fuerza,
su persona, su libertad y su propiedad, varios hombres tienen el
Derecho de concentrarse, de entenderse, de organizar una fuerza
común para encargarse regularmente de aquella defensa.
"El derecho colectivo, tiene pues, su principio, su razón
de ser, su legitimidad, en el derecho individual; y la fuerza común,
racionalmente, no puede tener otra finalidad, otra misión,
que la que corresponde a las fuerzas aisladas a las cuales se substituye.
"Tal como la fuerza de un individuo no puede legítimamente
atentar contra la persona, la libertad o la propiedad de otro individuo,
por la misma razón la fuerza común no puede aplicarse
legítimamente para destruir la persona, la libertad o la
propiedad de individuos o de clases" .
Bastiat encontró un límite infranqueable para el poder
del Estado, que era el mismo que se debía exigir a la acción
de cualquier particular: así como un particular no puede
violar derechos ajenos, tampoco el Estado lo puede hacer, y una
ley que viola derechos, no es una ley legítima. Remarcó
así la olvidada distinción entre lo legítimo
y lo legal, que en la misma Francia a partir de la ilustración
y sobre todo por el influjo del pensamiento de Rousseau, fue paulatinamente
perdiéndose.
Entendía Bastiat que en la medida en que el gobierno ejerciera
la fuerza dentro del restringido campo de acción destinado
a mantener a cada uno en su derecho, la ley era un instrumento que
permitía hacer reinar la justicia. Por lo tanto, un pueblo
constituido sobre esa base tendría el gobierno más
justo, y por consiguiente más perdurable, independientemente
de cual fuera su forma política. En una época de furor
del espíritu democrático, que llevó a justificar
la tiranía de las mayorías, el economista francés
ponía en claro que los derechos están antes que las
formas de gobierno.
En los siguientes términos explicó de qué manera
el apartamiento de estos principios colocó a la fuerza colectiva
al servicio de quienes quieren explotar sin riesgo y sin escrúpulos
a la persona, la libertad y la propiedad ajenas:
"El hombre no puede vivir y disfrutar sino por medio de una
transformación y una apropiación perpetua, es decir,
por medio de una perpetua aplicación de sus facultades a
las cosas, por el trabajo. De ahí emana la Propiedad.
"Pero también es cierto que el hombre puede vivir y
disfrutar, apropiando y consumiendo el producto de las facultades
de sus semejantes. De ahí emana la expoliación."
(11-12)
Entendía Bastiat que de acuerdo a cómo se organizara
la ley, podía servir, ya sea para permitirle a cada uno vivir
de sus propias facultades, o bien para convertir a algunos en víctimas
de la expoliación por parte de otros. Así, la diferente
concepción sobre la ley generaba dos clases de personas:
los que quieren hacer cesar la expoliación legal, y los que
aspiran a participar de dicha expoliación. Estas palabras
escritas hace más de ciento cincuenta años se ven
hoy patentes al observar el modo en que distintos grupos de presión
intentan constantemente influir sobre las legislaturas para obtener
beneficios, exenciones, prebendas y privilegios a expensas de los
demás.
Examinando las implicancias morales de este tema, el pensador entendía
que la consecuencia más saliente de la expoliación
legal es la de borrar en todas las conciencias la diferencia entre
lo justo y lo injusto, lo que muchas veces conduce a la paradoja
de que los principales defensores de la expoliación legal
son sus propias víctimas, en la medida en que mantienen firme
su respeto a la ley:
"Cuando la ley y la moral se encuentran en contradicción,
el ciudadano se encuentra en la cruel disyuntiva de perder la noción
de lo moral o de perder el respeto a la ley, dos desgracias tan
grandes una como la otra y entre las cuales es difícil elegir.
"Hacer reinar la justicia está tan en la naturaleza
de la ley, que ley y justicia es todo uno en el espíritu
de la gente. Todos tenemos una fuerte inclinación a considerar
lo legal como legítimo, hasta tal punto que son muchos los
que falsamente dan por sentado que toda justicia emana de la ley.
Basta pues que la ley ordene y consagre la expoliación, para
que ésta aparezca justa y sagrada para muchas conciencias
la esclavitud, la restricción, el monopolio, encuentran defensores
no solamente entre los que de ello aprovechan, sino aún entre
los que por ello sufren". (14)
En un mundo donde los Estados comenzaban a ser cada vez más
poderosos, y que a partir de la organización democrática
justificaban similares violaciones a los derechos individuales en
nombre de los cuáles se habían constituido, Bastiat
veía en la ley el factor determinante de esta nueva forma
de explotación. Incansablemente luchó en el parlamento
francés para desenmascarar al socialismo, que bajo la pretensión
de producir el bienestar, conducía decididamente a los ciudadanos
franceses hacia la expoliación y la miseria. La solución
para él era sencilla: restringir la función de la
ley a la tarea de mantener la justicia, protegiendo los derechos
individuales.
Dijo respecto de la expoliación legal:
"¿Cómo reconocerla? Es muy sencillo. Hay que
examinar si la ley quita a algunos lo que les pertenece, para dar
a otros lo que no les pertenece. Hay que examinar si la ley realiza,
en provecho de un ciudadano y en perjuicio de los demás,
un acto que aquel ciudadano no podría realizar por sí
sin incurrir en criminalidad. Perentoriamente debe derogarse tal
ley; no constituye solamente una iniquidad, sino que es ella fuente
fecunda de iniquidades; porque provoca represalias, y de no tenerse
cuidado, el hecho excepcional habrá de extenderse y multiplicarse,
transformarse en algo sistemático. Sin duda el beneficiario
chillará; invocará los derechos adquiridos. Dirá
que el Estado debe protección y fomento a su industria; alegará
que es bueno que el Estado lo enriquezca, porque siendo rico, gastará
más, derramando así una lluvia de salarios sobre los
obreros pobres. Hay que guardarse de escuchar a este sofista, pues
es justamente por la sistematización de tales argumentos,
como quedará sistematizada la expoliación legal.
"Es lo que ha ocurrido. La quimera de hoy, es la de enriquecer
a todas las clases, las unas a expensas de las otras; es la de generalizar
la expoliación bajo el pretexto de organizarla.
"Ahora bien, la expoliación legal puede ejercitarse
en una multitud infinita de maneras; de ahí la infinita multitud
de planes de organización: tarifas, proteccionismos, primas,
subvenciones, fomentos, impuesto progresivo, instrucción
gratuita, derecho al trabajo, derecho a la ganancia, derecho al
salario, derecho a la asistencia, derecho a los instrumentos de
trabajo, gratuidad del crédito, etc.. Y es el conjunto de
todos aquellos planes, en lo que tienen de común que es la
expoliación legal, lo que toma el nombre de socialismo"
(21-22).
Por eso veía en la ley un concepto negativo, destinado a
proteger derechos y no a imponer conductas, pues la sola imposición
forzada de conductas lesionaba directamente a la justicia:
"Cuando la ley y la fuerza mantienen a un hombre dentro de
la justicia, no le imponen otra cosa que una pura negación.
No le imponen más que la abstención de dañar
a otros. No atentan ni contra su personalidad ni contra su libertad,
ni contra su propiedad. Tan sólo salvaguardan la personalidad,
la libertad y la propiedad de los demás.
"La finalidad de la ley está en impedir el reinado de
la injusticia. En efecto, no es la justicia quien tiene existencia
propia, sino la injusticia. La una es resultado de la ausencia de
la otra. Pero cuando la ley -por intermedio de su agente necesario,
la fuerza- impone un modo de trabajo, un método o una materia
de enseñanza, una fe o un culto, no actúa ya negativamente;
actúa en forma positiva sobre los otros...
"..Ensáyese imaginar una forma de trabajo impuesta por
la fuerza que no constituya un atentado a la libertad; una transmisión
de riqueza impuesta por la fuerza que no sea un atentado a la propiedad.
Al ver que aquello resulta imposible, debe reconocerse que la ley
no puede organizar el trabajo y la industria, sino organizar la
injusticia".
La prédica de su fructífera aunque corta vida, destinada
a explicar con sencillez y contundencia los principios del proceso
económico, se combinaron con sus convicciones morales, para
proveer demoledores argumentos sobre la inmoralidad de la coacción,
aún de aquella producida en nombre de la caridad, que como
tan bien explicó no puede exteriorizarse a punta de pistola:
"El ciudadano no puede al mismo tiempo ser libre y no serlo...Y,
en efecto, me es completamente imposible separar la palabra fraternidad,
de la palabra voluntaria. Me es por completo imposible concebir
la fraternidad forzada legalmente, sin que resulte la libertad legalmente
destruida y la justicia legalmente pisoteada" (25).
"Cuando una porción de riqueza pasa sin su consentimiento
y sin su compensación, de aquel que la ha adquirido a quien
no la ha creado, ya sea por la fuerza o por el engaño, digo
que hay un ataque a la propiedad, produciéndose una expoliación.
Digo que ahí está precisamente lo que la ley debiera
reprimir en todas partes y siempre. Que si la ley misma realiza
el acto que debiera reprimir, sigo diciendo que no hay ahí
menos expoliación sino más aún, desde el punto
de vista social, con circunstancias agravantes. Sólo que
en tal caso no tiene la responsabilidad quien aprovecha la expoliación,
sino la ley, el legislador, la sociedad, y he allí la existencia
del peligro político".
"Nada ingresa al tesoro público, para beneficio de un
ciudadano o de una clase, que no sea aquello que otro ciudadano
u otras clases han sido forzados a poner en él. Si cada uno
retira otra cosa que el equivalente de lo que ha puesto, cierto
es que la ley no resulta expoliativa, pero en ese caso nada hace
a favor de aquellos hombres que carecen de riqueza, no hace nada
en pro de la igualdad de ingresos. No puede ser elemento de igualación
sino en cuanto quite a unos para dar a otros, y entonces se convierte
en instrumento de la expoliación".
Y entonces concluía enfáticamente en que debía
garantizarse la libertad individual frente a la pretensión
de ingerencias por parte de la ley, no importa la justificación
que se le pretendiese dar:
"Sépase pues que lo que rechazamos no es la organización
natural, sino la organización forzada. No es la asociación
libre, sino las formas de organización que pretenden imponernos.
No es la fraternidad espontánea, sino la fraternidad impuesta.
No es la solidaridad humana, sino la solidaridad artificial, que
no es otra cosa que un injusto desplazamiento de responsabilidades".
"La ley es el ejercicio, en ausencia de interferencias ajenas,
de todas las facultades que no perjudiquen los iguales derechos
de los demás; en otras palabras, la destrucción de
todos los despotismos, aún del despotismo legal, y el reducir
la ley a su única atribución racional, que es la de
reglamentar el derecho individual de legítima defensa y de
reprimir la injusticia".
Bastiat ha sido sin dudas uno de los más grandes genios del
pensamiento liberal francés. Sus conocimientos económicos,
su agudez mental y su lógica implacable le permitieron desmantelar
los postulados socialistas que imperaban en la Francia en la que
le tocó vivir. Pero supo además advertir las implicancias
morales de sus conocimientos económicos, y la combinación
de ambos factores le permitió extraer las certeras conclusiones
que expuso en ese libro escrito casi en su lecho de muerte. Sirvan
entonces como conclusión estas explicaciones dadas sobre
la relación entre la ley y la justicia, contenidas en este
libro que se ha convertido en un clásico del pensamiento
liberal:
"La ley es la fuerza común organizada para obstaculizar
la injusticia; y para abreviar, la ley es la justicia.
"No es verdad que el legislador tenga sobre nuestras personas
y propiedad un poder absoluto, ya que aquéllas son preexistentes
y que la tarea de la ley es la de rodearlas de garantías.
"No es verdad que tenga por misión la ley regir nuestra
conciencia, nuestras ideas, voluntades, instrucción, sentimientos,
trabajos, intercambios, informaciones y satisfacciones.
"Su misión está en impedir que en ninguno de
esos puntos, el derecho de uno quede usurpado por el de otro. La
ley, debido a que tiene por sanción necesaria a la fuerza,
no puede tener otro ámbito legítimo que el legítimo
ámbito de la fuerza, es decir: la justicia.
"Y como todo individuo sólo tiene derecho a recurrir
a la fuerza en el caso de legítima defensa, la fuerza colectiva,
que no es sino la reunión de las fuerzas individuales, no
podría ser aplicada racionalmente para otra finalidad.
"La ley es pues únicamente la organización del
preexistente derecho individual de legítima defensa: La ley
es la justicia".
Ricardo M. Rojas es Juez de un Tribunal
Oral en lo Criminal en la Ciudad de Buenos Aires y autor del libro
Las contradicciones del derecho penal.
La versión completa de La Ley está disponible en la
sección Lectura Introductoria del sitio de la Fundación
Atlas para una Sociedad Libre: www.atlas.org.ar/introductoria/bastiat.pdf
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