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¿DEBEN LOS MEDIOS DE
PRENSA SER ENEMIGOS DE LA LIBERTAD?
Por Sheldon Richman
Sería muy fácil llegar a la conclusión de
que hay un conflicto intrínseco de intereses entre los medios
de prensa y la libertad. Ya sea intencionado o no, la cobertura
de las noticias parece minar consistentemente la clásica
premisa liberal de que la sociedad esencialmente se maneja a sí
misma sin una dirección central. Hay múltiples explicaciones
para ese fenómeno.
Desde hace mucho tiempo se ha obervado que la gente a la que le
gusta los negocios se dedica a los negocios y la gente que no gusta
de los negocios de dedica entre otras profesiones formadoras
de opinión- al periodismo. Eso genera un problema para aquellos
interesados en darle un sustento intelectual a la empresa libre.
Las personas que proveen a los ciudadanos su dieta diaria de noticias
sobre economía y política tienden a ser prejuiciosos
contra las empresas. Hay excepciones notables pero la palabra clave
aquí es excepciones.
Hay otra razón por la cual la cobertura de las noticias
predispone contra el proceso de mercado. La razón se encuentra
retrocediendo a una observación astuta de Frederic Bastiat
en su famoso ensayo Lo que se ve y lo que no se ve. La esencia del
mercado es invisible. Como la justicia, usted no puede verla. Si
Smith le da un reloj a Jones, usted no puede decir mediante la simple
observación que lo que está pasando es justo. Tal
vez Smith le está devolviendo a Jones su reloj. Pero tal
vez Jones le dijo a Smith que si no le entregaba el reloj, mataría
a su esposa e hijos. Es necesario algo más que una observación
grosera para comprender toda la historia. Comprender el mercado
es similar. Cuando usted camina por el interior de la Bolsa de Comercio
de Nueva York puede ver bastante acción. La gente está
moviendo sus brazos y gritando. Las luces están centelleando
con letras misteriosas y números. ¿Qué significa
todo eso? Usted no puede contar lo que está pasando simplemente
mediante la observación, a pesar de la máxima del
Yogi Berra que dice que usted puede observar mucho simplemente mirando.
En la Bolsa la gente está comerciando cosas que ellos poseen.
Usted no puede ver al propietario o al título. Y ellos no
están intercambiando sillas o relojes o aun títulos
de cosas físicas. Ellos están intercambiando títulos
de acciones no específicas de compañías.
Los medios de prensa, de todos modos, son orientados visualmente
y eso es una verdad de radios y diarios, así como también,
de la televisión. Lo que cuenta no es el medio sino la gente
que cubre las noticias. Ellos tienen tendencia a ser atraídos
por los hechos salientes porque son más fáciles de
describir. Cuando agregamos a ese factor la ignorancia general sobre
el proceso de mercado, no deberíamos estar sorprendidos que
la noticia esté dominada por historias que en el mejor
de los casos- ignoran las contribuciones del mercado y en
el peor de los casos- menosprecian a las empresas.
La sutileza del mercado. El común de la gente tropieza donde
la mayoría de la gente lo hace. El proceso de mercado está
basado en un fenómeno que no es obvio: un orden no planificado.
Aun cuando se lo explica, mucha gente se resiste a la idea de que
puede haber orden sin planificación. La idea viola sus experiencias
diarias. Los ejemplos de orden en los que ellos probablemente pensarán
son el resultado de alguna planificación: sus familias, sus
lugares de trabajo y así sucesivamente. Pedirles que acepten
la existencia de un orden no planificado es como pedirles que crean
que un vaso permanecerá en el aire cuando la mesa que lo
sostiene sea removida.
Si los reporteros ven orden, o coordinación, ellos presumen
que estaba planificado, ya sea por el gobierno o por alguien más,
pero planificado al fin. Y si ellos ven lo que parece ser desorden,
concluyen que es por falta de planificación. Finalmente sacarán
la conclusión de que la planificación es necesaria,
usualmente para los funcionarios del gobierno. En ese sentido, los
reporteros son como los mismos funcionarios del gobierno. Veamos
algunos ejemplos comunes.
Cuando los periodistas ven una planta cerrada y mucha gente expulsada
de sus trabajos, ellos saltan dado que tienen todos los elementos
de una buena historia. Es algo muy visual y que se presta a una
descripción viva aun para los diarios. Si el producto que
solía fabricarse en la planta cerrada está ahora siendo
vendido en Estados Unidos por fabicantes japoneses, la historia
se pone mejor. Escenas de barcos dirigiéndose hacia puertos
de los Estados Unidos y norteameicanos comprando el producto japonés,
pueden ser mostradas o descriptas claramente. Esas escenas son fácilmente
yuxtapuestas con escenas de trabajadores despedidos en la oficina
de desempleados o entrevistas con familiares de esos trabajadores
hablando sobre la lucha para mantenerse a flote. La moral implícita
o explícita de la historia es que los extranjeros y el libre
comercio causan privaciones a los norteamericanos.
Lo que raramente se muestra son los nuevos empleos que surgieron
o se generaron por obra del proceso de mercado y del comercio exterior.
Por ejemplo, los medios tenderán a ignorar el hecho de que
si los japoneses están vendiendo bienes en los Estados Unidos,
ellos tienen dólares con los cuales comprar productos americanos
o para invertir en empresas americanas. Por otra parte, si los japoneses
están vendiendo ahora una versión más económica
de un producto que estaba siendo fabricado por una fábrica
americana recientemente cerrada, a la mayoría de los reporteros
no se le ocurriría entrevistar a los fabicantes americanos
y trabajadores que son más eficientes porque utilizan máquinas
japonesas. Menos probable aún es que entrevisten a los consumidores
que están disfrutando de un más elevado estandar de
vida porque los productos son más baratos (los propios consumidores
no conocerán la razón).
LA HISTORIA REAL ESTÁ AUSENTE.
Este problema de lo que no se ve, está bien ilustrado por
un caso del mundo real. Hay un fabricante de productos textiles
en el sur que es un gran defensor de las restricciones a los productos
textiles y ropa provenientes del exterior. Al mismo tiempo, se opone
a las restricciones a las importaciones de las máquinas usadas
para hacer los productos textiles y la ropa. Naturalmente él
quiere mantener bajos sus costos de producción. Por lo tanto
comprará una máquina extranjera más barata
en vez de una máquina americana más cara.
De esta manera, él puede ser más competitivo con
sus competidores del exterior. Si no puede conseguir máquinas
más baratas, perderá ventas frente a firmas extranjeras
que sí pueden conseguirlas.
La mayoría de los reporteros no pensarán que esos
hechos o factores son dignos de mención (a lo sumo, ellos
dirán que el fabricante textil es un hipócrita). Sin
embargo, esos hechos revelan la historia real que subyace en el
tema del comercio.
Los norteamericanos que fabrican máquinas para la industria
textil estarán en desacuerdo con ese fabricante textil en
lo que respecta a la necesidad de no imponer restricciones a las
máquinas extranjeras. Si ellos se salen con la suya, el fabricante
textil y sus empleados serán perjudicados. Si el fabricante
textil se sale con la suya, el fabricante local de máquinas
deberá buscar otro trabajo.
La historia muestra que la pelea por las restricciones al comercio
entre norteamericanos y extranjeros no es como usualmente se la
pinta, entre norteamericanos y extranjeros. Es entre dos o más
grupos de norteamericanos. Todas las restricciones al comercio son
de esa naturaleza.
¿Aprenderá usted eso de los medios de prensa? Es
improbable porque lo que no es obvio no es noticia. No obstante,
es la clave de toda la historia.
El comercio no es el único tema en el que vemos este problema.
La conexión entre las regulaciones gubernamentales a la industria
y salarios estancados o la lenta innovación están
bien establecidas en la teoría económica. Pero usted
no lo encontrará como tema de muchas historias de noticias.
¿Por qué? Porque las conexiones no son palpables y
los reporteros responden en su mayoría a lo que salta y los
muerde. Usted podrá ver una historia sobre como los robots
están desplazando a los trabajadores. Pero usted probablemente
no verá a un periodista explicando que el resultado de la
fabricación de productos más baratos (por el uso de
robots en vez de mano de obra) le deja mas dinero disponible en
el bolsillo a los consumidores que entonces les permite comprar
cosas (bienes o servicios) que antes no podían, creando flamantes
empleos posiblemente mejor remunerados que los anteriores. Se trata
de una historia que nos es visible.
De manera similar, la conexión entre la ley de salarios
mínimos y los trabajadores sin experiencia que se quedan
fuera del mercado laboral no es retenida visualmente. Se requiere
una comprensión de las cosas que están por debajo
de la superficie, así como de las leyes de la acción
humana, específicamente, la ley de la demanda. Los periodistas
que actúan a nivel puramente visual solamente verán
a políticos bien intencionados votando por la elevación
del salario mínimo y a la gente desempleada siendo víctima
de los crueles capitalistas que se rehusan a pagarles un salario
que les permita vivir. ¿Qué otra explicación
puede haber allí? ¿Qué es lo que está
ausente en la película? Oferta y demanda, trabajadores sindicalizados
bien pagos que temen la competencia de los trabajadores inexpertos
y la demagogia política.
El tema de la restructuración o redimensionamiento de las
corporaciones ha proporcionado muchos ejemplos sobre la superficialidad
o frivolidad de los medios. Un ejemplo típico de ello fue
una serie de siete artículos publicados en el New York Times
en marzo de 1996 bajo el título El redimensionamiento de
América. Los artículos se concentraban casi exclusivamente
en el desplazamiento y la adaptación de los trabajadores,
pero hablaban muy poco sobre los beneficios para los consumidores
y otros trabajadores. También predecían que los negocios
quedarían con empleados sin espíritu y desleales que
serían menos productivos.
USA Today publicó también una serie de artículos
en el mes de abril. Mientras hacía referencia a la creación
de nuevos empleos, la relativamente baja tasa de desempleo y las
ganancias en la productividad; el tema todo se refería a
que el convenio implícito entre los trabajadores norteamericanos
y los empleadores que había existido desde la finalización
de la Segunda Guerra Mundial, había llegado a su fin.
El área de las noticias económicas no es la única
donde la historia verdadera está usualmente ausente, o en
el mejor de los casos menos preciada. La predisposición que
tienen los medios hacia el pronóstico de calamidades, particularmente
en los temas de tecnología y de medio ambiente, se ha notado
frecuentemente. Un rápido ejemplo será suficiente.
El día 11 de abril de 1996, el diario New York Times informó
que no hay evidencias de que los teléfonos celulares son
insalubres (Estudio: Los teléfonos celulares no elevan la
tasa de mortalidad). La historia no fue publicada en la página
uno. ¿Dónde creen ustedes que el Times hubiera publicado
una historia sobre un estudio que indicara que los teléfonos
celulares son peligrosos?
LA OBJETIVIDAD Y LAS NOTICIAS.
El prolongado debate sobre la cobertura objetiva de las noticias
inevitablemente se introduce en esta discusión. He argumentado
que la causa del problema con la cobertura de los temas económicos
y sociales es que las cosas importantes son invisibles. ¿Pero
es la falta de objetividad el problema actual? Opino que éstos
son elementos de un solo problema. El fracaso en atrapar lo esencial,
los hechos de una situación que no son obvios, es una falta
de objetividad. Ese fracaso y esa falta de objetividad pueden no
ser intencionales (en la mayoría de los casos probablemente
no lo son) pero eso no altera las consecuencias.
¿Qué es la objetividad? Es a la vez un compromiso
y un estado de las cosas. Es el compromiso por comprender algo sobre
el mundo y la comprensión resultante. Podemos sintetizar
este compromiso diciendo que es un esfuerzo por no confundir nunca
el pensamiento y el deseo. El querer que algo sea verdad no lo convierte
en verdad.
Dos importantes conceptos en el tema de la objetividad que Ayn
Rand enseñó: hay esencia y contexto. Hay un número
infinito de factores sobre cualquier fenómeno. Pero no todos
ellos son esenciales en un contexto particular. Entonces el relato
o la narración de una noticia no necesitan convertirse en
una lista sin fin de hechos. En la cobertura de una campaña
presidencial, el color de ojos de los candidatos no es esencial,
mientras que su posición con respecto al envío de
soldados americanos a la guerra en suelos extranjeros sí
lo es.
Relatar lo esencial de lo que no es esencial no es siempre fácil.
Los desacuerdos son inevitables. Pero en principio, la investigación
y la discusión racional pueden resolver estos desacuerdos.
Señalo esto porque la gente que discute la objetividad de
las noticias generalmente asume que la verdad objetiva es imposible
porque significa informar acerca de todos los hechos.
Otro supuesto cargo contra la posibilidad de la objetividad es
que, siendo humanos, los reporteros no pueden realmente separar
sus valores y opiniones de su percepción de los hechos. Aquí
la confusión filosófica se incrementa.
La suposición subyacente es que los valores y opiniones
no tienen nada que hacer con la objetividad. ¿Puede ser esto
así? Ultimamente ha habido historias sobre la existencia
de esclavitud en Sudán y en otros países de Africa.
Usted no puede leer estas historias sin tener la sensación
de que los periodistas piensan que la esclavitud es algo malo. ¿Hay
allí una falta de objetividad? ¿Han dejado los periodistas
que sus opiniones se inmiscuyan en sus relatos de los hechos? No.
Es ciertamente verdad que los periodistas sostienen la opinión
de que la esclavitud es mala. Pero también es un hecho que
la esclavitud es mala. Por lo tanto la opinión, o juicios
de valor, de que la esclavitud es mala es objetiva. Concuerda con
los hechos. Los valores no están fuera del dominio de la
objetividad, porque lo bueno y lo malo son aspectos reales del mundo
(El mejor caso para esa posición debe buscarse en el trabajo
de Ayn Rand, particularmente en La ética objetivista de su
libro La virtud del egoísmo).
El problema de cómo la noticia es cubierta no es que ella
contenga de manera explícita o implícita juicios de
valor. Eso es inevitable, la selección misma de lo que se
va a informar involucra juicios de valor. Por otra parte, el informar
sin juicios de valor no sería de interés (Ayn Rand
dijo que hay dos preguntas fundamentales: ¿Qué? ¿y
entonces qué?) El problema no es que los juicios de valor
se introduzcan en la narración de las noticias. El problema
es que los juicios de valor son usualmente erróneos. Pero
hay otro problema.
OBJETIVIDAD E IMPARCIALIDAD. La
objetividad a menudo se confunde con la imparcialidad. Es una creencia
general que los periodistas deben dejar para otros los juicios de
valor explícitos, al menos en los temas controvertidos. Cuando
un periodista viola esa regla y hace un juicio de valor explícito
por su cuenta, puede ser acusado de una falta de objetividad cuando
en realidad él es culpable de una falta de imparcialidad.
De cualquier modo, será criticado sólo si su juicio
es disidente. Expresando la opinión del diario no se meterá
en problemas. Ese criterio moral da crédito a la acusación
común de que los medios de prensa tienen una influencia estatista.
Veámoslo en un ejemplo. Imagínese que el Congreso
incrementa el salario mínimo a 5,25 dólares la hora.
Dos periodistas de distintos medios escriben sus primeros párrafos
de la siguiente manera: 1) El Congreso elevó ayer los ingresos
de miles de trabajadores de bajos salarios en todo Estados Unidos;
2) El Congreso elevó ayer el salario mínimo a 5,25
dólares la hora, amenazando con el desempleo a miles de trabajadores
de bajos ingresos.
¿Qué podemos decir nosotros sobre estos comentarios?
El primero contiene una falacia. El segundo es correcto. Pero ambos
carecen de imparcialidad. En cada uno, el periodista saca sus propias
conclusiones. Es el modo de comunicar noticias que la mayoría
de la gente desaprueba (incluyendo los profesores de periodismo).
Se supone que los periodistas tienen cierta autoridad para sacar
las conclusiones. Esa es una de las diferencias que definen el hecho
de informar noticias y comentar noticias. El trabajo de un comentarista
es sacar conclusiones.
Pero aquí es donde el criterio moral hace su aparición.
El periodista que escribió el primer comentario del ejemplo,
probablemente recibirá una pequeña crítica
de los observadores del propio medio de noticias, porque su conclusión
es consistente con la del propio medio.
Un ejemplo reciente de falta de imparcialidad lo tenemos en una
noticia de la Agencia Associated Press, publicado el 27 de marzo
de 1996. La historia era sobre el contrabando de gas freón
para el aire acondicionado de los automóviles en Estados
Unidos. A raíz de la presión ejercida por las instituciones
que defienden el medio ambiente, el gas de freón, que es
un clorofluocarbonado, fue prohibido en Estados Unidos pero se lo
introduce en grandes cantidades desde la India, donde todavía
se lo fabrica. El despacho de la Agencia Associated Press comenzaba
de esta forma: Gas clorofuocarbonado de la India ha sido introducido
de contrabando en los Estados Unidos, permitiendo de esta forma
que algunos automóviles pasen un verano fresco de manera
económica, pero prolongando la amenaza sobre la capa de ozono
protectora de la tierra.
El periodista hace referencia a la amenaza a la capa de ozono como
si ello fuera un hecho indiscutido. Miren que diferente sería
si él hubiera escrito prolongando lo que algunos ven como
una amenaza para la capa de ozono protectora de la tierra. Aunque
la diferencia tal vez no parezca muy grande, al menos le dice a
los lectores que la amenaza está en discusión. Hay
mucha literatura que argumenta que la capa de ozono no está
desapareciendo, y que el adelgazamiento en el Polo Sur es característico
de esa región. Usted no sabrá eso leyendo la noticia
de Associated Press. El periodista, finalmente, le brindó
un mal servicio a sus lectores.
¿Qué error cometió? El presentó como
un hecho incontrovertido algo que entre los científicos está
en discusión. Desde que su conclusión estuvo de acuerdo
con las instituciones defensoras del medio ambiente, probablemente
él ni siquiera se haya enterado de lo que hizo. El periodista
también violó el principio de la imparcialidad, presentando
por su propia cuenta la conclusión científica. Eso
reforzó la deducción de que es incontrovertido. Obérvese
que si él hubiera cumplido con la regla de imparcialidad,
la noticia no hubiera parecido tan influenciada. Si hubiera citado
a alguien diciendo que el gas freón amenaza a la capa de
ozono, tal vez también hubiera pensado en citar a alguien
que estuviera en desacuerdo. Al menos los lectores hubieran tenido
la sensación de que la amenaza es la visión de un
científico y no la visión de todos los científicos.
Una simple afirmación hecha por un reportero, presentada
como si todos creyeran en ella, significa cargar con una responsabilidad
superior a la de los científicos.
¿Es la regla de la imparcialidad una buena regla? Esa es
una pregunta compleja. Antes, los periódicos americanos no
aceptaban o no adoptaban la regla. En los días en que la
ideología separaba severamente a los partidos políticos,
los periódicos se identificaban abiertamente con uno u otro
partido. En el siglo XIX, un periódico abiertamente demócrata
apoyaba el comercio libre y la libertad personal: se oponía
a los aranceles y a las prohibiciones. Los periódicos republicanos
eran la voz de los grandes negocios, apoyaban o defendían
los aranceles y las prohibiciones. No había nada intrínsecamente
malo con este arreglo o convenio. Cuando usted compraba un diario
en particular, usted sabía lo que estaba adquiriendo. Si
usted quería ambos (o más) partidos, usted compraba
dos o más periódicos.
Ahora las cosas son diferentes y no es probable que se vuelva a
la vieja senda. La regla de la imparcialidad es más ventajosa
o conveniente. Si bien no garantiza la información honesta,
puede mitigar algunas de las peores influencias que habitualmente
encontramos en la información.
Pero todavía estamos en falta con la pregunta: ¿son
los medios de prensa un impedimento intrínseco para lograr
una sociedad libre?.
¿PODEMOS TENER UNA SOCIEDAD LIBRE
Y UNA PRENSA LIBRE? Thomas Jefferson señaló
una vez que prefería tener periódicos y ningún
gobierno, que tener gobierno y ningún periódico. Pero
esa no es la elección a la cual nos estamos enfrentando.
La pregunta es: ¿podemos tener libertad y medios de prensa?
Dada la discusión anterior, el motivo para el pesimismo es
fuerte. Pero las cosas no están tan mal como parecen. A pesar
de los medios de prensa, la comprensión de la importancia
de la libertad y el peligro del poder ha crecido notablemente en
los últimos treinta años. A veces los medios de prensa
han sido útiles.
En los últimos años ha habido más historias
como nunca antes sobre los fracasos del gobierno para solucionar
problemas. Hay, probablemente, más periodistas con una verdadera
inclinación liberal que en cualquier otra época. Esa
tendencia debería continuar en su trayectoria alcista, porque
muchos jóvenes amantes de la libertad son atraídos
por el periodismo.
Pero al mismo tiempo, deberíamos entender que los medios
de prensa no serán los líderes de la revolución
intelectual de la libertad ni deberíamos esperar que lo sean.
A pesar de la frecuencia creciente de artículos periodísticos
y reportajes televisivos a favor de la libertad, el verdadero trabajo
en la discusión de las ideas de la libertad vendrá
a través de otros canales, como siempre sucedió. La
opinión en los medios es uno de esos canales. Excelente material
pro-libertad aparece casi todos los días. Las noticias en
la TV también han mostrado alguna mejora. El trabajo de John
Stossel, para la cadena ABC, demuestra la posibilidad que hay en
la TV de presentar un buen y duro análisis de los errores
del gobierno. La cuestión de fondo es que los medios de prensa
hacen difícil pero no imposible- la venta de la libertad.
A medida que la comprensión del proceso de mercado y el orden
no planificado se difunda, se creará tal vez una nueva generación
de periodistas que no serán inducidos por lo puramente visual.
Cuando eso ocurra, los medios podrán ser más útiles
en el sostenimiento de la libertad, aún siendo ellos de poca
ayuda en el establecimiento de la misma.
Sheldon Richman es editor de la revista
The Freeman y miembro de The Future of Freedom Foundation.
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