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CENSURA EN EL CIBERESPACIO
Por Sheldon Richman
A menos que algún imprevisto ataque de buen tino haya golpeado
a Washington por estos días, el Congreso de los Estados Unidos
tiene la intención de penalizar la instalación de
material considerado "indecente" en la exitosa y floreciente
red mundial de computadoras conocida como Internet. La idea, que
forma parte de un gigantesco y dudoso proyecto de ley tendiente
a realizar una reforma en materia de telecomunicaciones, sofocaría
a esta excitante era de la electrónica al introducir en ella
la pesada mano del censor gubernamental.
Durante el pasado año, los medios de comunicación
nos han prácticamente bombardeado con exagerados relatos
de horror acerca de los peligros ocultos, especialmente para los
niños, que yacen en el ciberspacio. A decir verdad, si uno
lo busca, puede encontrar toda clase de material en las carteleras
de boletines electrónicos, en grupos de discusión
sobre Internet y en el Worldwide Web, la parte gráfica de
la red.
Nadie debería sorprenderse por esto. A través de la
historia, los individuos han utilizado cada nuevo medio, comenzando
con los muros de las cavernas, para gratificar su interés
en asuntos sexuales, siendo el Ciberespacio simplemente el más
reciente de los ejemplos. Ninguna duda nos cabe que, cuando Gutemberg
inventó la imprenta de tipos móviles en el siglo XV,
los puritanos de entonces advirtieron acerca de que la novedosa
invención facilitaría la publicación de narraciones
pornográficas. Y por supuesto, así lo hizo. Ella también
facilitó la publicación de la Biblia y de todos los
otros grandes trabajos de la civilización. Quienes se oponen
a la pornografía debieran verla como un pequeño precio
que pagar por los Grandes Libros, los cuales, en razón de
los avances de la tecnología en materia de impresión,
rápidamente fueron accesibles para todos.
Los que auspician la censura afirman que la protección a
los menores debe primar por sobre la libertad de expresión
en la Internet. Cometen varios errores. En primer lugar, el término
"indecencia" es de una vaguedad tal que se convierte en
un cheque en blanco en favor del gobierno, que le permite controlar
el contenido de la expresión por vía electrónica.
Como se ha sostenido, la Biblia contiene varios pasajes que podrían
llegar a calificar como indecentes. Lo mismo sucede con parte de
la más grande literatura secular de todos los tiempos. A
comienzos de este siglo, las obras de Theodore Dreiser, Sinclair
Lewis, y otros fueron objeto de sanciones gubernamentales a raíz
de la presión ejercida por distintas agrupaciones privadas,
como por ejemplo la Sociedad Anthony Comstock para la Supresión
del Vicio. El correo oficial de los Estados Unidos puede eliminar
a una revista con sólo declararla indecente e impedir así
su remisión por vía postal. Una franca exploración
de la condición humana ha estado siempre sujeta a ser acusada
de indecencia.
Además, el Congreso no solamente considera como un crimen
al hecho de enviar mensajes indecentes a menores (Lo que que ya
de por sí sería lo suficientemente problemático).
También califica como criminal a la alocación de material
indecente allí dónde los menores podrían llegar
a acceder a él. Esto implica cualquier lugar en la Internet!
Una vez que alguien se vuelve familiar con el Ciberespacio, puede
ir a cualquier parte y encontrar cualquier cosa. Un remitente no
puede resguardar al mensaje que envía a un grupo de discusión.
Aquellos que poseen lugares en la Web destinados a "adultos"
pueden, y usualmente lo hacen, advertir a los visitantes de abandonarlo
si son menores de 18 años de edad o personas que se ofenden
ante escenas de desnudos. Pero lo que no pueden es evitar que un
menor los visite si esa es su intención. (Por su puesto,
que tales advertencias tienen precisamente el efecto contrario.
Los chicos siempre han deseado ir hacía aquellos lugares
que les estaban vedados.)
El resultado de este proyecto anti-indecencia será el de
permitirle al gobierno establecer un cerco policial en el ciberespecio
e imponer la ley ex post facto, en el sentido de que con frecuencia
no sabremos cuándo un texto es indecente hasta que las autoridades
nos lo digan. Esta es una situación monstruosa en una sociedad
que se enorgullece de su libertad.
Lo más desorientador de todo esto es que numerosas organizaciones
de derecha "pro-familia", como por ejemplo el Family Research
Council, apoyen al gobierno en sus campañas por la supresión
de la indecencia. Uno pensaría que quienes auspician un núcleo
familiar sólido, no mirarían al gobierno en busca
de protección. El Paternalismo es el beso de la muerte. Significa
que la familia no puede sostenerse sin la intromisión del
estado. Sabemos bien que es lo que viene junto con esa protección:
esclavitud. Pídale al gobierno que lo proteja de la indecencia
y él encontará indecentes a todo tipo de cosas. Una
vez que el estado pone el pie en la puerta, es demasiado tarde.
¿Por qué los conservadores no advierten esto desde
ahora?.
Si el gobierno va a proteger a los niños de imágenes
sexuales en la Internet, ¿por qué no debería
también protegerlos de imágenes violentas, como lo
desean los izquierdistas? ¿Y qué ocurre con aquel
material político de corte "extremista"? Toda clase
de grupos políticos -neo-Nazis, fascistas, etc.- tienen un
lugar en la Internet. ¿Deberían los niños ser
protegidos de ellos? Una vez que hacemos extensivo el principio
al plano de las ideas políticas, podemos despedirnos del
libre debate. ¿Confiaría Ud. en aquellas personas
políticamente correctas para que decidan qué ideas
son peligrosas para sus hijos? Yo no lo haría.
Lo irónico de todo esto es que, como suele ocurrir, el mercado
está en la actualidad proveyendo asistencia a aquellos progenitores
que desean razonablemente tener cierto manejo de lo que sus chicos
pueden llegar a encontrar en el ciberespacio. Varios productos de
software, tales como el SurfWatch, permiten a los padres prohibir
el acceso a aquellas áreas donde haya escenas de sexo explícito.
Los partidarios de la intervención del gobierno afirman que
tales productos no son perfectos. Eso es correcto. Nuevos mensajes
aparecen cada día y mantenerse al frente de un mercado cibernético
libre y desregulado como lo es hasta hoy la Internet es francamente
imposible. Obviamente, que no hay ningún sustituto para una
estrecha relación entre padres e hijos, lo que implica que
aquellos deberían de interiorizarse acerca de la Internet
y pasar algún tiempo online con los pequeños. Pero
de todos modos, el nuevo software puede ser de gran ayuda.
La promesa de una protección gubernamental es seductora para
aquellos padres que se encuentran muy atareados como para involucrarse
con lo que sus hijos hacen. Pueden decirse a sí mismos "No
tengo tiempo de ver qué es lo que mis chicos están
haciendo, por lo tanto es bueno que el gobierno vele por ellos"
A lo largo de nuestra historia, los distintos gobiernos han ido
usurpado la autoridad de la familia. Desafortunadamente, las más
de las veces ello ha ocurrido con la aquiescencia, cuando no con
el apoyo entusiasta, de muchos padres.
Esta idea de proteger a los niños trae aparejada también
la circunstancia de que, por lo general, los mismos individuos que
desean mantener a la indecencia alejada de los chicos, también
anhelan ponerla fuera del alcance de los adultos. Siempre aparece
algún grupo que se auto adjudica el conocer qué literatura,
o imágenes, o películas son perjudiciales para nosotros
y que no vacilan acerca de emplear la ley a efectos de imponernos
sus preferencias. Como se ha vuelto dificultoso establecer qué
es lo que los adultos podemos o no leer, los neo-Puritanos retoman
su vieja cruzada, pero ahora lo hacen con la misión de proteger
a los menores. En la era de la imprenta, el estado podía
poner cierto material a resguardo de las criaturas, sin interferir
con los adultos. La Internet vuelve eso imposible. Al no haber límites
en el ciberespacio, cualquiera puede ir a cualquier parte en todo
momento. El copiado y la transmisión de información
carece prácticamente de costos. La única manera de
mantener material "indecente" lejos de los niños
es haciendo que los adultos tampoco puedan acceder a él.
O al menos intentarlo. No hay realmente una forma de suprimir por
completo algún material. Todo lo que el gobierno puede llegar
a hacer es, en última instancia, incrementar los costos de
encontrarlo.
Hay varias lecciones que se hacen evidentes aquí. Primero,
que los supresores del vicio deberán atacar cada nuevo descubrimiento
tecnológico a fin de revigorizar su cruzada. Si Ud les responde
que la vieja tecnología no condujo a la difusión de
la corrupción de los niños, ellos le responderán
que las actuales innovaciones son completamente diferentes y que
necesitamos de nuevas regulaciones. Segundo, que en razón
de que los Americanos instintivamente son renuentes aceptar que
se les diga qué pueden leer o mirar, los escuadrones anti
vicio intentarán desarmarlos diciéndoles que la censura
es necesaria para proteger a sus hijos. La gente decente que no
se ponga a reflexionar lo suficiente sobre la cuestión, terminará
aceptando este punto.
Tercero, el ciberespacio es una extensión del mercado. Es
libre y abierto. Es ordenado y desregulado al mismo tiempo. Es intrínsecamente
libertario. Como afirma Vic Sussman de la publicación U.S.
News & World Report si Ud no era un libertario la primera vez
que navegó por la red, pronto se convertirá en uno
de ellos. Nadie controla a la Internet, ni puede llegar a controlarla.
Esto provoca que ciertas personas se sientan incomodas, y sostengan
que si la gente es así de libre, pueden llegar a terminar
mal. Por eso es que vemos numerosas propuestas de control, censura
gubernamental y ninguna duda cabe de que en el futuro aparecerán
más restricciones.
Los partidarios de la libertad debemos tener bien en claro que un
ataque a la libre y espontánea revolución electrónica
implica un ataque a la libertad individual. No es sólo una
barrera para hackers (piratas informáticos) o pornógrafos.
Es un avasallamiento a todos nosotros.
Sheldon Richman es editor senior en
el Cato Institute de Washington D.C., y autor de Separando Escuela
& Estado: Cómo Liberar a las Familias de América.
Publicada por The Future of Freedom Foundation.
Traducción de Gabriel Gasave
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