|
TECNOLOGIA, PROGRESO Y LIBERTAD
Por Edward W. Younkins
La tecnología es el intento del hombre por hacerse la vida
más fácil. Los avances tecnológicos mejoran
la calidad de vida de las personas, aumentan el tiempo de ocio,
ayudan a eliminar la pobreza y conducen a una gigantesca variedad
de productos. El progreso permite que las personas tengan más
tiempo para invertir en temas más profundos como el desarrollo
del carácter, el amor, la religión y la perfección
del alma.
Si la gente se resistiera al cambio tecnológico, estarían
expresando su satisfacción con los existentes niveles de
enfermedad, hambre y privación. Además, sin experimentos
y cambios, la existencia humana sería aburrida; el pleno
desarrollo del hombre se basa en la novedad, la sorpresa y la creatividad.
Una idea innovadora de un hombre, no sólo contribuye al progreso
de los demás, sino también crea las condiciones para
permitir que la gente avance aún más. Las ideas interactúan
en forma inesperada, y las innovaciones son usadas frecuentemente
en aplicaciones jamás pensadas. El progreso tecnológico
incluye una serie de pasos que consisten en la experimentación,
competencia, error y resultado.
Los descubrimientos no reemplazan simplemente a otros productos.
En realidad, desarrollan mercados nuevos y expandidos propios. La
nueva tecnología no causa un aumento neto en el desempleo
o hace obsoleto el trabajo. Al tiempo que la tecnología elimina
algunos trabajos, es una creadora neta de empleos porque el resultado
de sus más altas ganancias es reinvertido. La nueva tecnología
puede requerir el desarrollo de nuevas habilidades y la necesidad
de reinserción, pero no causa un desempleo mayor. Así
como la mejora tecnológica aumenta la productividad, la demanda
de mano de obra aumentará, creando más oportunidades
de empleo y aumentos de sueldos. El aumento en la productividad
del trabajo también aumenta el potencial de algunos trabajadores
independientes, cuyos costos marginales antes excedían su
productividad marginal. Finalmente, como consumidores, los asalariados
tendrán su beneficio por la caída de los precios de
los productos como consecuencia del aumento en la productividad
y la oferta.
LA LIBERTAD PROMUEVE EL PROGRESO TECNOLOGICO.
Existe una relación recíproca entre tecnología
y libertad. Un libre mercado exento de la intervención del
gobierno es el medio ambiente más fértil para el progreso
tecnológico y económico. La libertad es un prerrequisito
para el progreso en un mundo impredecible y peligroso. Alienta la
búsqueda de ganancias y la innovación, que entonces
resulta en mayor productividad y empleo. La tecnología fomenta
una sociedad libre mediante la provisión de nuevas oportunidades
de comunicación, trabajo, competencia y negocios con otros,
cruzando barreras sociales y físicas. En el pasado, la rueda
y la máquina a vapor reforzaron y complementaron los poderes
físicos del hombre. Hoy, invenciones tales como el microprocesador
amplifican las habilidades intelectuales del ser humano. El motor
eléctrico, las máquinas de combustión interna,
la iluminación fluorescente e incandescente, e Internet han
tenido enormes efectos en la forma en que vivimos y trabajamos.
Tecnologías emergentes como la criogenia, fotovoltaicos,
aerogeles, celdas de combustible, y la iluminación por ondas
de radio harán lo mismo en el futuro.
Entonces, cuando los legisladores aprueban leyes que restringen
o prohiben el uso de tecnología, garantizan un privilegio
a empresas estancadas y a trabajadores que tendrían trabajos
mejores. Los recursos se mantienen en un proceso de protección
tecnológica ineficiente, generando pérdidas e impidiendo
el progreso.
Los pedidos de proteccionismo vienen de empresas que no han modernizado
sus procesos de producción y entonces son incapaces de competir
con compañías más eficientes y con menores
costos. Tanto las compensaciones asignadas a trabajadores reinsertados
como las restricciones en el uso de tecnología reducirán
las ganancias de las firmas afectadas, por eso reduciendo la acumulación
de capital y su reinversión que habría llevado a un
eventual incremento en el nivel de empleo.
AMIGOS Y ENEMIGOS DEL PROGRESO.
"El futuro y sus enemigos" (The Future and Its Enemies),
el libro de Virginia Postrel publicado en 1998, desafía a
la clasificación convencional de la política, de derecha,
de izquierda, liberal y conservadora, para dividir el mundo en dinámicos
y estáticos. La tesis que plantea el libro sostiene que el
concepto intelectual más útil y pertinente se basa
en quienes dan la bienvenida del futuro y aquellos que quieren parar,
volver hacia atrás o regular el cambio.
Según Postrel, los dinámicos prefieren una sociedad
de final abierto donde la creatividad y la empresa, operando bajo
reglas generales y predecibles, generan progreso de manera impredecible.
Los dinámicos aprecian los procesos evolutivos como la competencia
de mercado, experimentación pícara, intriga científica
e invención tecnológica. Trabajan creativamente cruzando
barreras y obstáculos, en áreas alguna vez vistas
como disparatadas para construir combinaciones basadas en el libre
juego de la imaginación y descubrimiento. Además,
buscan progreso, más que perfección, a través
de la prueba y el error, los resultados, mejoras, diversidad y elección.
Son aprendices, experimentadores, arriesgados y emprendedores que
entienden la importancia del conocimiento local y soluciones evolucionadas
a problemas complejos. Poco sorpresivamente, los dinámicos
están frecuentemente atraídos por las metáforas
biológicas como símbolos del cambio impredecible y
el crecimiento, variedad, experimentación, retroalimentación
y adaptación.
Los estáticos tienen una aversión al cambio, aborreciendo
el progreso o buscando controlarlo de acuerdo a su punto de vista.
Están incluidos quienes añoran los buenos tiempos
pasados, tecnófobos, tecnócratas, simpatizantes de
los grandes programas gubernamentales, e individuos cuyas inversiones
o trabajos están lejos del riesgo de todo cambio. Pueden
venir de la "izquierda" (sindicalistas, ambientalistas)
o de la "derecha" (tradicionalistas, nacionalistas). Los
estáticos de la izquierda quieren regular el mercado y el
desarrollo de la tecnología. Los de la derecha detestan el
cambio y tienen inclinaciones económicas proteccionistas.
Por supuesto, que no todo cambio es bueno. La conveniencia de un
cambio dado será sujeto a la valoración racional.
Lo necesario es un marco institucional liberal que garantice la
libertad del hombre en la búsqueda de su bienestar moral
y material en tanto y en cuanto no infrinja los mismos derechos
de los demás. Sólo entonces, la gente será
capaz de usar su razón y libre voluntad para elegir, crear,
e integrar todos los valores, virtudes y bienes que pueden llevar
al bienestar individual. Esto, naturalmente, incluye la evaluación
racional, la elección y el uso de tecnología e invenciones.
PRIVATIZACION DE LA INVESTIGACION Y EL
DESARROLLO NACIONAL. Mejor será el gasto de ciencia
y tecnología en un mercado libre que en uno centralizado.
El individuo es mejor que el gobierno en la acumulación de
conocimiento, y el sistema de propiedad y empresa privada es capaz
de premiar el ingenio humano. No hay evidencia de que las innovaciones
vengan de gobiernos burocráticos, pero los empresarios suelen
alcanzar lo que los gobiernos sostenían como imposible.
Como el motor de la innovación y la producción es
eficiente en inversiones del sector privado, es lógico que
favorezcamos un clima económico que premie la inversión
privada en la investigación y el desarrollo y promueva el
uso efectivo e innovador de tecnología por parte de empresas
privadas.
Necesitamos reasignar la responsabilidad de las invenciones tecnológicas
del Estado a manos privadas y consumidores. Actualmente, cerca de
700 laboratorios científicos y de investigaciones tecnológicas
pertenecen o son apoyados económicamente por el gobierno
federal. Recientemente, han expandido su alcance más allá
de la investigación y el desarrollo para proveer servicios
que compitan con el sector privado científico, de testeo
y de energía. La privatización pondría fin
a los subsidios a las industrias mayores (tales como el petróleo
y la industria aeroespacial). También liberaría a
los laboratorios de constreñimientos del proceso de presupuesto
federal, procuraciones embarazosas y reglas de servicio público,
y la prohibición de vender sus servicios a precios de mercado.
Quienes apoyan la financiación de la investigación
federal sostienen que el sector privado hará muy poco por
causa de errores del mercado que resultan de la libertad de las
empresas sobre las investigaciones de otros. En consecuencia, según
sostiene este argumento, habrá una menor inversión
en investigación y desarrollo.
No existe evidencia alguna de que el gobierno triunfará o
que los mercados fallarán. En el sector público, los
fondos de investigación son otorgados sobre bases políticas;
es una manera de gastar a lo bobo. Los políticos que enfrentan
el trabajo imposible de asignar prioridades a un sinnúmero
de proyectos, suelen elegir aquellos con el mayor número
de partidarios o aquellos que ayudan a sus distritos electorales.
Por otro lado, los científicos del sector privado y los empresarios
están guiados por las señales del precio y eligen
los proyectos de investigación que, en caso de ser exitosos,
serán los más beneficiosos y los más cercanos
a cubrir con las necesidades humanas. Los mercados y los precios
permiten un estudio más real del público para los
proyectos de investigaciones y recursos, y las empresas privadas
pueden obtener grandes ganancias resolviendo problemas importantes.
Además, la habilidad superior del sector privado para elegir
y utilizar los recursos de investigación y desarrollo aumentarán
el progreso tecnológico con el tiempo.
La privatización está retardada por las facilidades
de la investigación nacional. La tarea de unir la investigación
con las necesidades humanas no es conveniente para una burocracia
política. Por esta razón el sector privado no ha estado
muy interesado en lo que crean los laboratorios nacionales.
REDUCIENDO LA TECNOLOGIA NACIONAL SE TRANSFIEREN
LAS ACTIVIDADES.
Con la elaboración del Tratado de Innovación de Stevenson-Wydlerde
1980 y el Tratado de Transferencia Tecnológica de 1986, todos
los laboratorios federales tuvieron que desarrollar programas para
transferirse al sector privado y al estado y gobiernos locales.
El presidente Reagan apoyó el segundo tratado porque creía
que las inversiones en investigación y desarrollo para programas
federales no estaban dando los dividendos suficientes a los aportantes,
en términos de nuevos productos, procesos y empleos. Esta
legislación fue enmendada en 1996 por la Ley Pública
104-113, que creó incentivos y alentó la comercialización
de tecnología elaborada en laboratorios federales. Un Centro
de Transferencia Tecnológica Nacional (NTTC) fue establecido
en 1989 por el Congreso para proveer a las empresas estadounidenses
y a las personas con el acceso a las investigaciones y desarrollos
federales para permitirles competir en el mercado internacional.
Además, el gobierno, exageradamente, tiene seis Centros de
Transferencia Tecnológica Regionales (RTTC) para ayudar a
las empresas norteamericanas a mejorar su competitividad mediante
la asistencia en el lugar, testeos, adquisición y utilización
de tecnologías y experiencia científica y de ingeniería
del gobierno federal.
La utilización de los resultados de la investigación
y el desarrollo federal ha sido magra; los estudios indican que
sólo cerca del 10 por ciento de patentes federales han sido
usadas alguna vez. Esto no es sorprendente. Como la investigación
y el desarrollo en los laboratorios federales están sujetos
a responder a la misión del gobierno, las decisiones reflejan
necesidades políticas en lugar de comerciales.
Finalmente, la privatización de los laboratorios federales
transferirá recursos fuera de las manos de gobiernos estáticos,
burócratas, agentes de transferencia tecnológica y
científicos para pasar a manos del dinámico sector
privado que más posiblemente vayan a adoptar prosperidad
económica, progreso tecnológico e innovación
cultural.
Edward W. Younkins es profesor de contabilidad
y administración de empresas en la Wheeling Jesuit University,
en West Virginia.Este artículo fue originalmente publicado
en la Revista Ideas on Liberty. Permiso para traducir y publicar
otorgado por The Foundation for Economic Education (www.fee.org)
a la Fundación Atlas para una Sociedad Libre.
Traducción de Hernán Alberro.
|