Septiembre, más allá de lo obvio
Juan María Segura
Experto en innovación y gestión educativa. Autor de "Yo qué sé".



Septiembre, tan sintomático y radiográfico a la vez, un espejo preciso de quiénes somos y a qué aspiramos, al menos en el plano educativo. Doce meses atrás, estábamos por el caso Maldonado metido dentro de las escuelas, maliciosamente introducido por líderes sindicales y docentes poco interesados en la calidad de los aprendizajes de los alumnos. Hoy estamos con los docentes universitarios en las calles y las aulas vacías, mientras los aprendizajes siguen postergados. El año pasado estamos viviendo los coletazos finales de las elecciones de medio término, como si en ellas descansase el futuro de nuestra Nación, mientras que este año estamos tratando de entender si podemos seguir viviendo de la plata y el trabajo del otro, se llame Estado, FMI o ahorrador internacional. Diferentes asuntos, pero mismo sustrato: una sociedad que de tan poco que aprende, continúa dando vueltas en redondo. Aprenden poco los alumnos del sistema educativo, escolar y universitario, pero también aprenden poco los adultos, todos. Aprendemos poco.
 
Si uno se toma el trabajo de analizar los debates públicos en nuestro país en torno a la educación de los últimos años, notará que existen dos meses del año en donde se habla mucho de educación. Dejando de lado situaciones puntuales de emergencia, publicaciones de rankings o alguna otra coyuntura particular, los meses de marzo y septiembre aparecen como momentos relativamente fijos en el calendario en donde corresponde hablar de educación, es correcto hacerlo, es políticamente bien visto. Son momentos en donde debemos sacarle el polvo a nuestros repetidos argumentos, a nuestras viejas frases y latiguillos, y estar preparados para sumarnos al ruedo ruidoso y al desordenado debate.
 
En marzo hablamos de educación porque se inaugura el ciclo lectivo en todo el país, y no siempre las clases comienzan con puntualidad y en armonía. Por el contrario, diría que hablamos del tema justamente porque las clases casi nunca comienzan puntualmente en todas las jurisdicciones educativas escolares. Marzo es el mes de los paros y los reclamos salariales docentes, los piquetes y las militancias más extremas, es el mes de los gritos y las amenazas, de las conferencias de prensa y de las negociaciones entre gallos y medianoche. Es un mes tenso en donde gritamos sin escucharnos, argumentamos con pocas evidencias, y en donde todos decimos que la educación es importante y nos importa. Es un mes de mucha sobreactuación practicada, que poco aporta al debate, y mucho menos a la corrección de la mala calidad agregada de los aprendizajes de la escuela.
 
Septiembre es el otro gran momento de sobreactuación pública, aunque por razones diferentes. Celebramos el día del maestro (11/sep), y por ello hablamos mucho de Sarmiento, su legado, la tarea docente y la crisis educativa actual. Celebramos también el día de estudiante (21/sep), no tanto para hablar de ellos o de la explosión hormonal que el cambio de estación les provoca, sino para recordar la repatriación de los restos de Sarmiento. Celebramos el día del profesor (17/sep), para recordar a Estrada. También celebramos el día del preceptor (19/sep) y la sanción del estatuto docente (12/sep), el día del bibliotecario y la fundación de la biblioteca de Buenos Aires (13/sep), el día de las bibliotecas populares (23/sep) y de la informática educativa (22/sep), todo en un mes en donde recordamos el día internacional de la alfabetización (08/sep) declarado por UNESCO en 1965. Si bien es un mes en donde no pasa nada particularmente relevante dentro de la escuela o la universidad, es un mes en donde se escribe mucho de educación, se impulsan campañas nacionales de lectura, se realizan eventos aquí y allá, y… se actúa públicamente un supuesto interés por el tema.
 
Si un marciano (o un extranjero inexperto) visitase la Argentina solo en los meses de marzo y septiembre, seguramente pensaría ‘… que maravilloso, cómo se ocupan de la educación en este país, ¡cuánta energía, pasión y compromiso le ponen! …’. Viví esto en persona, paseando a un colega de Brasil durante el mes de marzo pasado mientras visitábamos escuelas. Me preguntó, asombrado: ‘… ¿siempre se discute tanto de educación en el país? ...’. Si, en cambio, ese ser imaginario (o mi colega) nos visitase durante los otros diez meses del año, tal vez reflexionaría ‘…che, que raro que acá nadie hable nunca de este tema tan importante…”.
 
Seguro que estas reflexiones harán enojar a muchos, en especial a quienes verdaderamente hacen por la educación. Mi intención al volcarlas es doble. Por un lado, aguzar la mirada para permitir diferenciar a un actor del debate educativo respecto de un verdadero interesado por cambiar la praxis de los aprendizajes en la escuela. Así como es importante saber separar buena de mala información, y buenas de malas fuentes, también es importante la disquisición entre los honestos y los otros frente a esta tarea colosal que tenemos en Argentina de pensar y hacer un nuevo sistema escolar y educativo.
 
Y, por otro lado, también desearía que durante septiembre reflexione sobre otros temas, algunos tal vez mucho más importantes para el debate que debemos dar. Si explora un poco el calendario de efemérides, tal vez se interese más por el día nacional del inventor (29/sep), o por el día del programador (13/sep). Yo me quedo con el día de la fundación de Google (27/sep), empresa que en apenas veinte años no solo se ha convertido en una de las cinco empresas más grandes del mundo en términos de valor de mercado, sino que además y principalmente se ha constituido en uno de los más importantes actores que están dando forma a la cuarta revolución industrial. Si vamos a hablar de educación, no podemos dejar de hablar del mundo que Google y otras empresas más están formateando, y del tipo de egresado al que queremos ayudar a insertar su proyecto de vida adulta en ese mundo en formación.
 
Hablar de Google no es olvidar los legados de Sarmiento o Estrada, ni traicionarlos, sino justamente ¡honrarlos! Si hay algo en lo que destacaban nuestros próceres y arquitectos fundadores del sistema educativo, era en su incansable curiosidad y aproximación hacia las formas y experimentos novedosos de la época. En septiembre, pero también en los otros meses del año, honremos a nuestros antepasados y próceres de la educación implicándonos de verdad en el tema, mirando más hacia adelante que hacia nuestra propia panza.

 

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