Mea culpa de un político
Joaquín Vigo Gasparotti
Arquitecto, egresado de la Facultad de Arquitectura Diseño y Urbanismo de la Universidad del Litoral realizando la tesis grado "Exploración en el diseño de unidades habitacionales de emergencia para situaciones de catástrofe en Santa Fe"  y con un máster en "Desarrollo de producto y modelado digital"  otorgado por Escuela Superior de Diseño de Barcelona. Con una carrera profesional de más de 12 años en rubro de la construcción, trabajando 11 años en una empresa constructora con un impass de 1 año para realizar una experiencia de trabajo en Europa, en un athelier de Arquitectura en Lisboa, Portugal.



Buen día Argentinos. 

Quería expresar por este medio mis disculpas. Necesito hacerlo. Quiero volver a dormir aunque sea una noche sin el peso de mis culpas, si es que es eso lo que siento.

Me presento: soy un dirigente político. Así lo he sido durante los últimos 25 años. He estado involucrado en política desde la universidad. He sido él famoso “animal político” aunque hoy me reconozco como un ANIMAL. Serví al pueblo de mi ciudad, después de mi provincia y luego del país en varias oportunidades. Me gané la vida siendo el que “dirige”, siendo la representación en mi tierra del que dice pensar, opinar y actuar por los demás. Soy el que digita un futuro. !¿Mejor?! Eso grita mi interior ahora con exclamaciones y preguntas.

Hoy ocurrió algo raro. Recibí una carpeta. Una que contenía crónicas funerarias, artículos de diario, registro fotográficos de obras públicas sin terminar y, por último, un detalle de porcentajes del país de hoy en comparación con cada una de las últimas décadas hasta el nacimiento de esto que contribuí a construir.

Lo abrí, lo leí, lo releí y miré las fotos. Me levanté por fin angustiado y fui a la cocina por un café. Volví a mi escritorio y abrí el cajón. Podría haber tomado un arma, pero elegí una pluma. Una que se decía que usó un constituyente. Con ella estoy escribiendo estas líneas. Con ella estoy escribiendo por su misericordia, mi perdón. 

Yo los maté, sé que hay víctimas de la inseguridad en donde fui el homicida intelectual por omisión y complicidad. Sé que hay familias desechas por accidentes de tránsito en rutas destruidas por la falta de mantenimiento que estaba a mi cargo. Sé que hice desaparecer pueblos. Arruiné ciudades y ensombrecí miles de futuros. Sé que por mi culpa, no por las balas; hay generaciones que dejaron el querido barrio de sus abuelos. Sé que tal vez mañana mi nieto sea la representación de la fuga de cerebros, aunque le de todo lo que a otros le quité. Sé que hoy un niño muere por desnutrición, otro tiene hambre de agua, otro no saldrá nunca de la enfermedad que creamos los políticos: “la desesperanza”. 

Grito. No se oye. Perdón. Grito ahogado. ¡¡¡PERDÓN!!

Hoy agarré la pluma, mañana no lo sé. Pondré la carpeta sobre el arma. 

Me hago una promesa. Mañana combatiré esa enfermedad que creamos. No me crean, esta vez no me crean. Yo tampoco me creo. 

No me olviden, no me perdonen. 

Yo, un político argentino con décadas de dirigencia se lo pide.



Pd. La ficción literaria como remedio ante lo que nunca tendremos. 
 

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