Los nuevos encapuchados: Una aproximación al ciberdelito
Lucas Verduci
Investigador Asociado, Fundación Atlas para una Sociedad Libre.


Desde mi participación en el GICP "Laboratorio de Geopolíticas: la Geopolítica del Narcotráfico" dirigido por el Dr. Julio Burdman en el marco de la carrera de Ciencia Política de la UBA (2016-2017), he comenzado estudiar el fenóneno del ciberdelito aplicado a un objeto de estudio determinado: la utilización de modos de comunicación (que incluye una jerga propia y una producción de identidades sociales de ciber delincuentes vinculados al narcotráfico) por redes sociales. Esta identidad social (Goffman, 1978) se cristaliza en toda una trama de interacciones entre sí, para sí y para los terceros delictivas. Delimitada por prácticas sociales vinculadas al chantaje y la difamación por medio de trolls, compra de perfiles falsos en supuestos call centers desde donde agredir a quienes son “el enemigo” y códigos repetitivos para dar mensajes entre comerciantes de estupefacientes. Como investigador de Fundación Atlas, desde marzo del 2017, trabajo para visibilizar qué es el ciberdelito. Tanto en medios masivos de comunicación hasta en artículos de distribución para miembros. En ellos planteo la hipótesis, desde una epistemología objetivista, que se trata de una forma de criminalidad propia de las sociedades de la información. Cuba, por ejemplo, ostenta las tasas más bajas de ciber delito. Los datos por sí solos no hablan, así que debemos interpretarlo. Desde un análisis objetivista debemos pensar en las variables y nos encontramos con una variable central: el 90% de la población carece de internet a disposición y solo una elite del 10% ligada a profesionales, integrantes de la burocracia gubernamental, investigadores científicos y turistas integran la sociedad de la información.
 
¿Qué es la sociedad de la información? Es un concepto utilizado por la sociología científica contemporánea (con abanicos que abarcan desde Castells hasta Bauman, desde Rorty hasta Castel) para describir aquella que surge desde 1989, con la derrota definitiva de los régimenes dictatoriales socialistas, donde Internet va tornándose, de modo lento y progresivo, un campo social en sí. La Ley 26.388, sancionada en el 2008, tipifica en el Código Penal al delincuente informático. En esa dirección, se sancionaron leyes contra el grooming (un ciberdelito sexual ejercido por un adulto hacia un menor) y contra la tenencia pornografía infantil. Pero la ligazón entre delito y tecnología tiene su génesis en los años 60, con los “freaks” (Beck, 1998) de las universidades sajonas. Allí, los primeror ciberdelincuentes, operaban con cuentas de banco, acciones en la bolsa de comercio, hackeaban registros y atentaban contra la propiedad privada.
 
Hoy el panorama es muy diferente dado que el valor de la Libertad es hostigado desde múltiples aristas: no sólo se meten con su dinero, con sus propiedades sino también con su vida íntima y tal como se estudió la psicología social (Baron y Byrne, 2010) causa daños irreversibles en la autoestima de niños desde el ejercicio del cyberbullying. Existen redes de ciberdelincuentes. Esto incluye la compra de trolls, las creaciones de perfiles falsos en Twitter y en Facebook con el objeto de ensuciar el buen nombre y honor de personas públicas o difundir fake news, la comunicación de los delincuentes mediante sistemas codificados (como Telegram o Signal) o a través de radios de internet donde, como explicó un testigo, “¿Cómo te lo puedo explicar? Estás escuchando la radio que tenés que escuchar y tipo cuando suena Jamaica Reggae de Los Pericos escuchás qué onda el locutor con la temperatura, la hora y ya sabés qué hacer, a dónde ir, qué llevar y cuánto llevar”. Es una modalidad líquida (Bauman, 1996) de un delito ya ejercido en la modernidad sólida. La modernidad líquida es aquella donde se ha producido una transmutación de valores, en una sociedad post industrial cuyos esquemas son muy diferentes a aquellos paradigmas que regían las vidas y las voluntades de los años 50 y 60. “Los valores son el poder motivador de las acciones del hombre y una necesidad para su supervivencia, tanto psicológica como físicamente. Los valores del hombre controlan el mecanismo emocional de su subconsciente funcionando como un ordenador que sintetiza sus deseos, sus experiencias, sus realizaciones y frustraciones – como un guardián muy sensible que está constantemente observando y evaluando su relación con la realidad. La cuestión clave que este ordenador está programado para responder, es: ¿Qué es posible para mí?” (Rand, 2002). Los límites de la posibilidad se han transformado y se ha producido un hiper individualismo, una hiper modernidad, donde las personas ya no persiguen en su mayoría objetivos que le eran impuestos por sus progenitores y sus círculos de socialización primaria si no que se vuelven sujetos deseantes (Rozitchner, 2016) y lo que persiguen es concretar esos deseos. Ya no en el valle de lágrimas que prometía el medioevo, ni el mandato de “transpirar para que los hijos disfruten” si no en la expansión personal como nuevo imperativo categórico en un sistema social con nuevos entramados y perspectivas. El ciberdelincuente se encuentra en observación como una manifestación de la psicopatía (Marietán, 2017). Desde la Medicina Legal se considera al psicópata como “un ser absolutamente imputable y consciente de sus actos” (Marietán, 2017). La recolección de datos primarios, de reunión de información, es de probada eficiencia para detectar la ciberdelincuencia. Y también para la detección inmediata del paradero de delincuentes tipificados de otro modo en el código penal. Por ejemplo, un masculino de 28 años, procesado por un femicidio, prófugo, fue reducido a partir de inferencias que hicieron los investigadores policiales observando su instagram. Una noche como tantas, a las 23.15, sube una historia en el VIP de un boliche bailable y a los veinte minutos estaba cercado por efectivos policiales y fue detenido. El trístemente célebre Vittete Sellanes, desde la cárcel, ocupaba sus días animando dibujos con una técnica de animación. Junto con una banda de sonido denominada Los Trovadores de Venus, difundía hits musicales donde una maqueta suya bailaba “en el mejor cabaret”, pedía tragos de autor y “las cuentas las paga Dios”, proyectaba desayunos en París o se burlaba de los jueces argentinos que lo liberarían, extraditándolo por ser de nacionalidad uruguaya, reduciéndole la condena ampliamente por el hecho que lo condenó a prisión.
 
Desde la epistemología objetivista, contra otras corrientes de pensamiento y paradigmas, se piensa que no existe separación entre ciberdelito y otras manifestaciones criminales. Más bien es una forma delictiva tradicional aggiornada a las TICS y la Sociedad de la Información. Estos delitos complejos, además de quitarnos nuestra Libertad, responder a Valores antisociales o disvalores tendientes a la desintegración social y la anomia (Giddens, 2009) someten a un porcentaje muy alto de usuarios de internet. Nueve de cada diez mujeres que utilizan redes sociales de búsqueda de pareja afirman haber sido acosadas por ciberdelincuentes. Lejos de la perspectiva punitivista, que concibe como víctimas tanto a quienes cometen el delito, debido a traumas en la infancia o características psicológicas que lo vuelven “un oprimido del sistema” como a quienes son destinatarios de tales delitos, desde el objetivismo planteamos la intervención del Estado. El Estado posee el monopolio legítimo de la violencia tal como dijese el pensador liberal Max Weber. Entre la comunidad de lectores de Atlas, coexisten diversos grupos de liberales: conservadores, sociales, minarquistas, etc. Pero todos ellos llegan a una conclusión que aquí reafirmaremos. Es imprescindible que la Seguridad y la Justicia, sean ejercidas fuertemente por el Estado, para avanzar hacia una Sociedad Abierta. Los ciudadanos no solo debemos estar alerta a ser víctimas de delitos comunes, si no que debemos estar alerta si un delincuente intenta meterse en nuestras vidas o las de nuestras familias por medio de las TICS y las nuevas tecnologías.
 
 
Bibliografía
 
-Baron, R. y Byrne D. (2010), Psicología Social, Buenos Aires, Pearson.
-Bauman, Z. (1996), Modernidad y ambivalencia en Beriain, J. (comp.), Las consecuencias perversas de la modernidad, Madrid, Anthropos.
-Beck, U. (1998) La sociedad del riesgo global, Buenos Aires, Paidós.
-Giddens, A. (2009) Sociología, Madrid, Alianza.
-Goffman, E. (1978) Ritual de la interacción, Buenos Aires, Tiempo contemporáneo.
-Marietán, H. (2017) El psicópata y su complementaria, Buenos Aires, Ananké.
-Olweus, D. (1998) Conductas de acoso y amenaza entre escolares, Madrid, Morata.
-Rand, A. (2002) Introduction to Objectivist Epistemology, Washington D.C, Penguin Group USA.
-Rozithcner, A (2016) La Evolución de la Argentina, Buenos Aires, Mardulce.
 
 

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