¿Qué vigilan los mercados financieros?
Manuel Sánchez González

Autor de Economía Mexicana para Desencantados (Fondo de Cultura Económica, 2006).





México es una economía muy integrada al resto del mundo, como se observa, entre otros aspectos, en la elevada proporción que respecto al PIB representa el intercambio de bienes y servicios con otras naciones, los montos notables de inversión extranjera captados, así como la profundidad y liquidez del mercado cambiario. 
La interconexión con el exterior genera beneficios cuantiosos, incluyendo una oferta más amplia y de mejor calidad de productos, mayores opciones de financiamiento, así como la transferencia de tecnología y conocimientos para el avance productivo.
La multiplicación de los efectos favorables depende, en buena medida, del ensanchamiento de las transacciones internacionales, lo cual puede estar condicionado por factores externos o internos. 
Con mucho, los mercados financieros son los que exhiben una mayor sensibilidad a los cambios en el entorno y la economía. Las variaciones más importantes del exterior tienen que ver con acciones de otros países que pueden afectar el desempeño económico de México. 
Dos alteraciones no muy lejanas fueron el anuncio del presidente del Banco de la Reserva Federal de EE.UU. sobre la intención de disminuir el ritmo de expansión de la liquidez, ocurrido en mayo de 2013, y la elección de Donald Trump en noviembre de 2016. 
Mientras que el primer evento fue interpretado como el inicio de una nueva etapa de condiciones financieras menos benignas, el segundo desencadenó temores sobre el futuro de las relaciones de México con su vecino del Norte. 
En ambos episodios, las tasas de interés de largo plazo de los bonos gubernamentales en pesos registraron un salto significativo. Ello se tradujo en un incremento del costo de endeudamiento para el Gobierno y los particulares, lo que pudo haber debilitado la actividad económica.
Frente a las perturbaciones externas, la política económica de México puede adaptarse, si bien es difícil contrarrestar plenamente el impacto. En cualquier caso, un principio razonable consiste en mantener condiciones macroeconómicas sólidas con el fin de lidiar, de la mejor manera, con los vientos adversos.
Por la misma razón, las reacciones financieras más abruptas tienden a estar asociadas a las fragilidades internas derivadas de medidas inadecuadas. Tales episodios suelen tomar la forma de desplomes en los precios de los instrumentos de deuda y acciones y una depreciación monetaria
De forma simétrica, cuando se perciben oportunidades de rentabilidad ante la fortaleza respecto a otras naciones, pueden producirse auges. 
Las correcciones anteriores reflejan el veredicto de los inversionistas sobre la sensatez de las políticas económicas del país. Sus movimientos, además de proveer información valiosa al público, pueden servir de mecanismo de disciplina para las autoridades. 
Para caracterizar ese fenómeno en el mercado internacional de bonos, en 1983 el estratega Edward Yardeni acuñó el término de “vigilantes”, refiriéndose a inversionistas institucionales que presumiblemente “protegen” a la economía cuando los gobiernos y los bancos centrales no lo hacen. 
En su versión original, la función de los vigilantes era protestar contra las medidas monetarias y fiscales que conducían a la inflación, mediante la venta de bonos o la demanda de mayores rendimientos. 
Un caso destacado de tal presión en EE.UU. parece haber ocurrido a raíz de las intenciones iniciales del presidente Clinton de expandir el gasto público. Al parecer, la consecuente alza de las tasas de interés durante 1993-1994 llevó a esa administración a virar hacia un superávit fiscal. 
En México, con el nuevo Gobierno, se argumenta con frecuencia que los mercados financieros pueden servir de contrapeso a políticas económicas equivocadas. Si bien tal expectativa posee sustento histórico y resulta, en particular, relevante a la luz de la elevada proporción de pasivos gubernamentales en manos de no residentes, debe acotarse, por lo menos, en dos sentidos. 
Por una parte, los vigilantes pueden tardarse en reaccionar, especialmente, si perciben que es posible obtener ganancias, como ocurrió con el financiamiento de la deuda del Gobierno griego antes de la crisis de la zona del euro. Por otra, los vigilantes se enfocan a los riesgos que afectan sus intereses, como la pérdida de valor de sus inversiones y el impago.
Los mercados financieros no pueden ser un termómetro absoluto de la bondad de todas las políticas económicas. La acumulación de errores que gradualmente deterioran el potencial de crecimiento de la economía puede convivir por mucho tiempo con la tranquilidad de los inversionistas.


Este artículo fue publicado originalmente en El Financiero (México) el 13 de febrero de 2019 y en Cato Institute.

 

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