Apuntes para una discusión: Ni Smart City ni Smart Citizens.
Javier Cubillas
Analista de Asuntos Públicos, Fundación Atlas para una Sociedad Libre.


(por más gobernanza pública y ciudadanos reactivos)

Hemos visto por doquier la difusión de talleres, cursos, programas, conferencias sobre Smart Cities y temáticas relacionadas al urbanismo, a la ecología, big data, etc.
Pero no hemos visto muchas reflexiones con la profundidad necesaria para indagar con seriedad sobre la denominación e implicancia política de tal expresión que tan rimbombante se difunde como la última frontera del conocimiento y la administración de asuntos públicos.
Desde ya que hay que desentrañar esta edulcorada y bien intencionada exposición sobre las bondades de sus impactos. Pero primero y antes de iniciar el punto más importante a criticar se debe indicar que, como ya muchos exponen, el termino resulta ambiguo, confuso[1] y ya insuficiente por los nuevos avances en la materia.
Entonces, lo primero a consignar es: Smart City[2] no sólo ya es un concepto insuficiente[3], sino que antes que eso, es un concepto totalmente erróneo, errado que implanta y busca imponer a otras áreas del conocimiento un error insuperable en todo sentido.
Para poner en claro: Las ciudades no son inteligentes. No pueden serlo ni lo serán. Los únicos con capacidad de generar escenarios, valorarlos y decidir siguen siendo las personas. Aun cuando se automaticen procesos o se impliquen algoritmos son las personas las que configuran las variables y sus opciones de decisión, conforme a sus competencias[4] o habilitaciones[5] sociales, por tanto siguen siendo responsables por los resultados. E incluso, ¿cómo valorar o cuantificar la inteligencia[6] de la que se ufanan las posiciones pro City y Citizens?
Ergo, la idea de Smart City se asemeja a una idea totalitaria, simplificada respecto de la conflictividad social y la complejidad político cultural en cada ciudad de América Latina, Europa o Asia. No hay modo que se simplifique tal cuestión cuando hoy vemos lo importante que vuelve a ser, como en el Siglo XVII y XVIII, la idea de la gestión pública en el nivel local, municipal, de proximidad. Una idea repúblicana, al fin de cuentas.
Alguien dirá entonces que podemos hablar de Smart Citizens[7] o ciudanos inteligentes, cuestión que resultaría de mejor criterio y lógica pero que mantiene aun así un componente de racionalidad en extremo. La inteligencia como idea supone una resolución única, perfecta inoponible a otras. La democracia no funciona con tales conceptos y extremos. En el mejor de los casos se afianzan consensos básicos, primarios, sub-óptimos, sostenidos durante un tiempo hasta que la realidad vuelve a cambiar el escenario y la pretensión de inteligencia desaparece por ineficaz.
Entonces, la idea de ciudadanos inteligentes también supone un standard ideal, cercano a visiones elitistas y racionalistas, como para darle cabida en las democracias actuales con las asimetrías educativas que tenemos. En el mejor de los escenarios, los ciudadanos obtendrán mayor y mejor información para la toma de decisión en aquellas cuestiones que les interesen por afecto o verse afectados. Y esas decisiones tendrán entonces un fuerte componente emotivo que no deja claro que solo actúen por pura reflexión.
Por ello, tanto Smart City como Smart Citizens son ideas poco realistas[8] para las turbulentas gestiones y las disparidades informativas, formativas y culturales que identifican a cada ciudadano con una cosmovisión en particular respecto de la complejidad que lo rodea.
Además, todo esto se da en un contexto en que todavía hoy, las políticas de acceso a la información pública, lobby y gobierno abierto son puesta a prueba en tanto la información pública disponible es parcial, y quienes hacen uso real de ella son grupos profesionales de interés, lejos del ciudadano atomizado. Es decir, todavía son políticas desaprovechadas por gran parte de la ciudadanía en tanto no puede vivir proactivamente todas las cuestiones públicas no teniendo resueltas siquiera sus cuestiones privadas básicas o de fututo. Imaginemos que pueden hacer con todo lo demás.
Finalmente, la idea de Smart City deja abierta la posibilidad de anteponer una idea fuerza que se imponga sobre toda iniciativa disruptiva o que no acuerde con los voceros de su postura. Es decir, resulta útil para un gobierno o elite anteponerla como cuando se enarbolan expresiones tales como: “la opinión publica dice”, “la sociedad o la gente piensa o quiere”, o semejantes, en donde el ciudadano en su individualidad no puede o no encuentra manera de oponerse y hacer ver o escuchar su liberalidad.
Además, resulta difícil para muchos tecnócratas ver el Lado B de las Smart Cities y el impacto en los citizens, si a tales diseños de sociedad no se le corresponden con regulaciones –previas pero necesitadas de actualización- que aseguren los derechos individuales y su privacidad[9], restringiendo el uso de los datos de ADN, consumo, género, políticos y hasta ubicación geográfica, etc. Estos derechos individuales deben mantenerse a rajatabla frente a toda oferta de soluciones que provea un programa o política pro Smart City. El presunto santo grial no debe hacernos retroceder en los derechos humanos básicos.
Lo que aquí entonces ensayamos es una alerta a no seguir generando ideas y conceptos totalizadores que nos encuentre sin posibilidad de instaurar doxarquias[10] frente al gobierno o corporaciones con soluciones mágicas de la mano de las nuevas tecnologías de la comunicación e innovación.
Mantenemos aquí una concepción por la cual creemos que implantadas políticas de transparencia, probidad y una gobernanza pública liberal[11], podemos dar cuenta del potencial que las nuevas tecnologías de la comunicación y la información nos puede aportar a la toma de decisiones. Pero en ningún caso creemos que podemos poner de cabeza todo, anteponiendo una idea de Smart City a la idea de ciudadanos en contextos de complejidad con información y valoración dispar y asimétrica. Y a los tomadores de decisión, con equivalentes diferencias de información y valoración, pero a los que hay que sumarle las lógicas propias de supervivencia política, opacidad en áreas de gobierno y escenarios de corto y mediano plazo que circunscriben a sus actos políticos a tiempos electorales.
Por ello, resulta difícil pensar en que exista una Smart City y/o Smart Citizens que den lugar a Smart Cities, si ambas fórmulas terminan por ser enunciados de máxima realmente inasibles y utópicas para la diversidad de individuos, las múltiples relaciones en sociedad y los contextos urbanos que poseen una historia material e inmaterial previa – recursos culturales inmateriales, por ejemplo- que deben ser considerados políticamente.
Por ello, sin ética[12] observable sobre la mesa ni debates críticos sobre los asuntos públicos relativos a la aplicación de la tecnología para usos comunes, corresponder avizorar que estamos dando lugar a nuevas reificaciones o naturalizaciones que pueden costarnos algo más que el uso o no ineficiente de recursos temporales, energéticos, económicos y financieros. Pueden dejarnos sin voz ni voto, ni diferencia reactiva[13] por plantear, ante las dictaduras de los datos y funcionarios que las enarbolen como soluciones definitivas, por tanto apolíticas.
 



Referencias:
Wikipedia - Ciudad Inteligente: En líneas generales, una ciudad se puede definir como "inteligente" o como "inteligentemente eficiente", cuando la inversión social, el capital humano, las comunicaciones, y las infraestructuras, conviven de forma armónica con el desarrollo económico sostenible, apoyándose en el uso y la modernización de nuevas tecnologías (TIC), y dando como resultado una mejor calidad de vida y una gestión prudente de los recursos naturales, a través de la acción participativa y el compromiso de todos los ciudadanos.
Gutiérrez-Rubí, Antoni, Smart Citizens, Ciudades a escala humana, Nuevas coordenadas, nuevos mapas, El papel de las ciudades en la gobernabilidad, La ciudad de los ciudadanos. Disponible online.
Barber, Benjamin, If Mayors Ruled the World, Si los alcaldes gobernaran el mundo. Países disfuncionales, ciudades emergentes, Yale University Pres, 2013.
Bouskela, Mauricio (et al), La ruta hacia las Smart Cities: Migrando de una gestión tradicional a la ciu­dad inteligente, BID, 2016. Disponible online.
Cubillas, Javier Adrián, Doxarquía: Ensayos sobre Asuntos Públicos. Disponible online.
Cubillas, Javier Adrián, Hacia una. Gobernanza que supere el Populismo, Propuestas y Reflexiones para una Nueva Argentina, 2015. Disponible online.
Cubillas, Javier Adrián -Blog de Reflexiones sobre Ética y Tecnología en https://medium.com/@javiercubillas en el que hemos iniciado una apuesta a poner bajo critica posiciones relacionadas al avance tecnológico y sus implicancias éticas.
Duque Franco, Isabel, Universidad Nacional de Colombia, Políticas Urbanas en movimiento: Bogotá y Medellín en la era de las Smart CitiesXIV Coloquio Internacional de Geocrítica Las utopías y la construcción de la sociedad del futuro Barcelona, 2-7 de mayo de 2016, en Universitat de Barcelona.
Enerlis, Ernst and Young, Ferrovial y Madrid Network, Libro Blanco Smart Cities, 2012. Disponible online.
Fernández, Manu (2016) Descifrar las smart cities. ¿Qué queremos decir cuando hablamos de smart cities? Kindle Edition.
Fernández Barbudo, Carlos, Investigador FPU Universidad Complutense de Madrid, El papel de la Smart City en el concepto de privacidad. Disponible online.
García, Josefina ¿Desde dónde y hacia dónde piensan las smart cities? What do smart cities have in mind?, Contexto Internacional/año 17/ n.43/ Junio - Diciembre 2017 / pp. 27 - 31. Disponible online.
Gutiérrez-Rubí, Antoni, Smart Citizens, Ciudades a escala humana, Nuevas coordenadas, nuevos mapas, El papel de las ciudades en la gobernabilidad, La ciudad de los ciudadanos. Disponible online.
Oxford Economics, Global Cities 2030, Future trends and market opportunities in the world's largest 750 cities. Disponible online.
Pais Digital, La Importancia de un Modelo de Planificación Estratégica para el Desarrollo de Ciudades Inteligentes, Ministerio de Modernización, Presidencia de la Nación, abril 2017. Disponible online.
Seisdedos, Gildo, Smart Cities, La transformación digital de las ciudades, Estudio ha sido realizado por el Centro de Innovación del Sector Público de PwC e IE Business School en colaboración con Telefónica. Investigador principal: Gildo Seisdedos (IE Business School) Disponible online.
 
Subirats, Joan, El poder de lo próximo, Las Virtudes del Municipalismo, Edit. La Catarata, 2016.


[1] Carlos Fernández Barbudo, El Papel de la Smart City en el Concepto de privacidad, Universidad Complutense de Madrid, online.
[2] Smart City nace como concepto ambiguo y tiene distintas acepciones. Tomamos una en particular, el usado por País Digital de Argentina – Ministerio de Modernización, quien toma de Lombardi: El término “smart city” es utilizado para describir en forma holística los diversos aspectos de una ciudad desde los distritos de tecnología hasta los ciudadanos “inteligentes” en términos de su nivel educativo. En suma, el término hace referencia frecuentemente a la relación entre gobierno y ciudadanos. La literatura revela las siguientes dimensiones principales: gobierno inteligente; capital humano inteligente; ambiente inteligente; calidad de vida; economía inteligente” en sitio digital, disponible online para descarga: https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/pais_digital_-_paper_ciudades_inteligentes_v5.pdf Libro: Lombardi, P., Giordano, S., Caragliu, A., Del Bo, C., Deakin, M., Nijkamp, P., Kourtit, K. (2011), An advanced Triple-Helix network model for Smart Cities Performance, Amsterdam, Holanda: Faculty of Economics and Business Administration, Vrije Universiteit.
[3] Hay quienes postulan ideas como Human City, Smart Economy, Smart People, Smart Mobility, Smart Environment, Smart Buildings, entre otros. Son conceptos esperanzadores, o de buenas expectativas, no más que eso en tanto no logren una sistematización y acuerdo en materia de investigación y PP.
[4] Hablamos de competencias desde el lenguaje del derecho administrativo.
[5] Hablamos de habilitaciones sociales desde el lenguaje de la sociología de la comunicación y los estudios de Asuntos Públicos.
[6] La inteligencia debe ser definida y debe poder ser verificable, medible. ¿Cómo llegaríamos a tal convencimiento al respecto sobre las capacidades de resolver un issue público según los cambios temporales, culturales y técnicos que se dan de modo continuo? Es un tema arduo y de difícil acuerdo para la teoría social y política.
[7] Joan Subirats, en Smart Citizens reflexiona:  Pensar la ciudad sin la colaboración de sus habitantes ya no es una opción. La intervención de los ciudadanos en la gestión y la planificación se ha convertido en un aspecto diferencial del mundo local, su respuesta a la crisis política. Por eso hoy podemos y debemos hablar de ciudadanía inteligente. A pesar de que aún existen muchas incógnitas sobre cómo se acabará definiendo este nuevo escenario de colaboración y coproducción, también hay el convencimiento de que se trata del elemento que legitima y mejora el gobierno de la ciudad. (…) y se pregunta: ¿Y si avanzamos de la smart city a la human city? - Disponible online.
[8] Isabel Duque Franco, Universidad Nacional de Colombia, Políticas Urbanas en Movimiento: Bogotá y Medellín en la era de las Smart Cities, XIV Coloquio Internacional de Geocrítica Las utopías y la construcción de la sociedad del futuro Barcelona, 2-7 de mayo de 2016, en Universitat de Barcelona.
[9] Carlos Fernández Barbudo, El papel de la Smart City en el concepto de privacidadUniversidad Complutense de Madrid, online. En esta discusión la definición sobre la privacidad es relevante.
[10] Doxarquía: es una acción coordinada vía nuevas tecnologías de la comunicación y medios tradicionales de amplio alcance que permiten impulsar un reclamo ciudadano con la intensidad suficiente como para producir un cambio en la agenda pública de un gobierno. Se configura un momentáneo gobierno de opinión que juzga al gobierno representativo y le exige rendir cuentas o cambios en la dirección de las políticas estatales respecto de una problemática pública. Vease las implicancias en casos concretos ocurridos en Argentina en Cubillas, Javier, Doxarquía: Ensayos sobre Asuntos Públicos. Disponible online.
[11] Cubillas, Javier, Hacia una. Gobernanza que supere el Populismo, Propuestas y Reflexiones para una Nueva Argentina, 2015. Disponible online.
[12] En médium https://medium.com/@javiercubillas hemos iniciado una apuesta a poner bajo critica posiciones relacionadas al avance tecnológico y sus implicancias éticas.
[13] Ciudadanos reactivos en contextos de amplia difusión de información pública, normativas de participación pública vigentes y aplicadas, consultas públicas, o mecanismos semejantes, pueden ser parte de una realidad plausible. Pero aquí el elemento diferencial es el cultural y es indispensable para sostener políticas sostenibles (ODS) gracias a ciudadanos que pasen de hacer uso de su libertad negativa a la libertad positiva allí, y sólo allí, donde sea de su interés generar lo que conocemos como esquemas de gobernanza (horizontal) pública en oposición al clásico esquema de gobierno (vertical) burocrático y tecnocrático.
 

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