Corralito y carry trade: dos ¨inventos¨ argentinos
Alejandro A. Tagliavini
Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland (California). Galardonado con el Premio a la Libertad, otorgado por Fundación Atlas para una Sociedad Libre.



“Las malas noticias son aclamadas. Las buenas ponen nerviosos a los inversores. Bienvenido a Wall Street”, escribió Stephen Grocer en The New York Times. En el mercado de valores están invirtiendo quienes no ven otra alternativa, al punto que el fenómeno ha generado un sobrenombre, TINA -The Is No Alternative-, No Queda Otra Alternativa que invertir en acciones de EE.UU.
“Así, las acciones suben a pesar de que hay mucho de qué preocuparse”, continúa Grocer. El índice S&P 500 a mediados de julio ya había alcanzado un récord, luego de cotizar por encima de 3.000. Y, mientras sigan las malas noticias sobre la ralentización de la economía mundial, los bancos centrales están decididos a mantener las tasas de interés bajas, y así bonos y renta, y plazos fijos no resultan una buena inversión.
El dinero barato ha transformado el mundo de los prestatarios, ahorradores, banqueros, administradores de dinero y jubilados. Según las ideas neo-keynesianas, imperantes en el mundo hoy, las bajas tasas de interés estimulan el crecimiento ya que las empresas y los consumidores pueden obtener fondos a bajo costo.
Entre muchos, en 2018 Jamie Dimon, de JPMorgan Chase & Co., dijo que el índice de referencia mundial para tasas a más largo plazo -el rendimiento de un bono del Tesoro a 10 años- podría superar el 5%, pero hoy apenas supera el 2%. Las tasas hipotecarias a 30 años son una fracción, y las empresas pagan muy poco por los préstamos. Todo ese dinero barato está inflando la economía.
Y la Reserva Federal, que venía incrementando las tasas desde 2015 -entre 2012 y 2015, con bajas tasas, el S&P 500 subió 45%- comenzaría a recortarlas, un cuarto de punto porcentual, a fines de julio. Y lo mismo harían muchos otros. El Banco Central Europeo desde 2016 ha establecido una tasa de referencia de -0,4%.
Así, la deuda global de rendimiento negativo ya superó los u$s13 billones, en gran parte alemana contrastando con la de EE.UU. que todavía está en positivo. Esta anomalía incentiva a los gobiernos a dilapidar más ya que ganan endeudándose. La deuda de Washington ya superó los u$s22 billones.
El problema se traslada al futuro. Del otro lado está la gente común, los pequeños inversores y los jubilados que reciben tasas bajas por sus ahorros. Según Bankrate.com, la tasa promedio en las cuentas de ahorro en EE.UU. es del 0,10%, cuando en 2000 llegaba al 1,73%. El bono del Tesoro a 30 años produce alrededor del 2,5%, contra un 6,5% durante la década de 1970.
Los fondos de pensiones, que supervisan trillones, redujeron las expectativas de rendimiento ya que el récord en las acciones no es alivio porque en eso se invierte menos desde la crisis financiera. El retorno esperado promedio de pensiones en los próximos 10 años sería del 6,1%, frente a un objetivo anterior del 7%.
Así, los inversores se vuelcan hacia alternativas de mayor riesgo, en países emergentes y en carry trade, la compra de moneda en lugares con altas tasas de interés que está generando los mejores rendimientos desde mayo de 2018, según un índice de Bloomberg sobre los retornos del carry trade de ocho mercados financiados por las posiciones cortas del dólar. Y, como cuando inventamos el corralito a nivel global, como ejemplo, Susanne Barton de Bloomberg, destaca que las apuestas en pesos argentinos que utilizan dólares están cosechando alrededor del 15% de ganancia este año, y el 20% con euros.


Publicado en Ámbito Financiero.
 

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