Lo cortés no quita lo valiente
Diana Ferraro
Escritora


Iremos todos a las PASO en prolija fila a votar la fórmula Macri-Pichetto, sin hacer ruido y con los dientes apretados, porque nada salió como se pensaba y porque nadie sabe cómo va a salir el próximo período, si es que la sensatez sumada al miedo, logran la reelección del Presidente Macri.

Sentirnos felices por el agregado final de Miguel Ángel Pichetto y presumiblemente, a través de él, a muchísimos peronistas—algo que ya señalamos como imprescindible desde hace mucho tiempo—no borra el hecho tardío y aún no ejecutado en la amplitud que merece, es decir, abriendo dentro de Juntos por el Cambio un espacio donde los peronistas se sientan invitados a adherir y participar.

Esto habla de la dificultad de Macri para entender su lugar en la historia: él querría verse como un heredero del desarrollismo (que no pudo ir muy lejos sin el peronismo, por otra parte), en vez de aceptar que su lugar es el de restablecer la alianza peronista-liberal de los años 90, interrumpida brutalmente por Duhalde y Alfonsín, interrupción continuada por los Kirchner.

Que el Presidente siga el argumento equivocado, no es un dato menor cuando se advierte la principal y terrible falla de su gobierno: no haber logrado resolver el tema de una moneda estable. En efecto, como todos los economistas liberales del país no se han cansado de advertirle—desde el mismísimo Cavallo hasta Espert, pasando por los numerosos economistas de las prestigiosas fundaciones que han criticado su falta de solidez al intentar diseñar una nueva macroeconomía—la única solución para una moneda estable que permita conservar una moneda nacional es la convertibilidad. La otra, claro, es una dolarización lisa y llana, una decisión que, a la inversa de la convertibilidad, no se podría tomar como exclusiva decisión nacional sino que requeriría el consenso de la Reserva Federal de los Estados Unidos y seguramente del FMI.

Si pensamos en la mayor queja de la población, la que quizá le haga perder la elección, por más polarización con el miedo a Venezuela, a los Kirchner o a cualquier reminiscencia del peronismo pasado autoritario, nos encontramos con que la moneda inestable y no confiable es lo que está a la base de toda la queja referida a la inflación, a lo caro del dólar, a las tasas exorbitantes e imposibles de pagar y su consecuencia de nula inversión en nuevos negocios y crecimiento,

Con la incorporación del peronismo, el Presidente Macri haría muy bien en incorporarse él a su vez a la saga inconclusa del peronismo y terminarla bien. Es decir: volver a colocar a los años 90 como el principio imperfecto de algo que jamás debió interrumpirse y situarse en continuidad sin tener miedo a la convertibilidad ligada a ese período. Incluso, quizá, hasta comenzando ya mismo con una iniciativa en el Banco Central que dé la pista de que, efectivamente, vamos a ir OTRA VEZ en el buen camino de la estabilidad. Puede incluso hacer docencia y explicar por qué falló la economía del tiempo de la convertibilidad, no por un problema de moneda sino por un problema de déficit y deuda de las provincias.

Como ya la población tiene buena conciencia, arraigada en carne propia, del ajuste y de que se ha logrado el equilibrio fiscal, no costará mucho convencer de que una nueva convertibilidad (con dólar flotante a partir de un momento cercano) será el complemento duradero de una economía estable. No hace falta volver a detallar aquí las medidas necesarias que el Banco Central debe imponer a los bancos para el uso libre de otras monedas. Pueden leerse en los numerosos artículos del Dr. Cavallo y otros economistas que también han aportado a la cuestión. Es un tema técnico ya ampliamente analizado y resuelto en su modo de implementación y que sólo requiere la iniciativa de un Presidente que no tenga miedo al peronismo ni a su mejor pasado y que se anime a abrazarlo más allá de la fórmula presidencial. El país que hoy no lo quiere demasiado y está resentido por sus malas decisiones, lo amará. ¿Qué resorte de autosabotaje puede hacer que una persona que quiere ser amada evite hacer aquello que cumpliría su objetivo? No se trata de Durán Barba, ni de Marcos Peña, que son apenas soportes externos de decisiones más profundas que, esperemos, cambien, para que podamos seguir juntos. Cambiar cuesta, también al Presidente Macri.

Lo importante no es, entonces, sólo votar por la fórmula que en tantos otros aspectos nos conforma, tales como la política exterior, la obra pública, la conciencia de la necesidad de modernizar la legislación laboral y, blanqueando en la misma intención a los trabajadores en negro, actualizar y mejorar el sistema jubilatorio.

Lo importante es meditar acerca de en qué momento de nuestra propia historia estamos y aceptar que el hoy denostado peronismo (siempre interesadamente confundido con el kirchnerismo socialista) ya hizo en los 90, lo que hoy hay que volver a hacer. Aceptar aquel gobierno de los 90 que representa un valioso antecedente—diez años sin inflación y moneda estable—de feliz unión del liberalismo y el peronismo.

Ya sabemos, el liberalismo y el peronismo expresan las dos grandes tradiciones argentinas, siempre antagónicas, menos en los años 90 y, justamente, hoy, en una fórmula presidencial que aún no parece consciente de toda su magia. Tampoco de su potencial reparador a nivel de comunidad y de su potencial para terminar, de una vez y para siempre, con la falta de una moneda confiable que ponga al país en marcha otra vez. 
 

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