Los esfuerzos del Gobierno para que estalle la inflación (ergo, el dólar)
Alejandro A. Tagliavini
Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland (California). Galardonado con el Premio a la Libertad, otorgado por Fundación Atlas para una Sociedad Libre.



Cierto o no, así nos ven. Según un artículo publicado en El País de España, que es el segundo inversor en Argentina luego de EE.UU. -con una inversión directa que cayó de €7.700 M en 2018 a €5800 M hoy- en Argentina “no se vive, se sobrevive” y daba un “simple detalle”: el 29 de septiembre, durante una reunión, los representantes de la Cámara Argentina de FCI llamaron “estafador” al titular del BCRA que llamó a la seguridad porque temía ser golpeado.
Dicen que lo que hizo el Gobierno es un default, disfrazado de “reperfilamiento”, y era inevitable (supuesto que no se cambia el rumbo). Los bonos, antes de las PASO, se pagaban casi al 60%, pese a ofrecer intereses superiores al 10%, por el serio riesgo de impago. Ganaría las elecciones Macri -bien visto por los organismos internacionales y los grandes inversores- y a él le tocaría el default, pero con Alberto Fernández la tarea será más difícil, de aquí el “susto” post-PASO de los mercados.
Según el artículo, se espera para diciembre un blue a $ 100 y un default “a la argentina”: con una buena quita de hasta el 50%. Obviamente, a las grandes empresas la restricción a la compra de dólares y la exigencia a los bancos de pedir permiso para repatriar beneficios les preocupa.
Y, finalmente, se espera una profundización del default y de los controles de cambios y capitales. Y tienen razón, si el Gobierno sigue por este camino inverso al lógico: con la excusa de contener al dólar, toma medidas inflacionarias que provocarán una devaluación del peso, es decir, un aumento del precio del dólar. La “calma” de estos días, tan saludada por casi todos los analistas, que se habría conseguido gracias a los controles, es la que precede a la tormenta y el Gobierno se creerá obligado a endurecerlos.
El hecho de que el blue y el CCL no se hayan disparado tanto muestra que el miedo a la disparada del dólar era inconsistente. La brecha entre los distintos tipos de dólar -blue, Bolsa y CCL- en la primera semana de controles fue de entre 10% y 12%, debajo del 40% promedio -y hasta 80%- durante los controles entre 2011 y 2015. De haberse dejado el dólar libre, aunque sólo fuera por una cuestión moral de honrar a la libertad, se habría disparado todavía menos que el CCL, al no despertar la desconfianza, y la fuga habría sido menor.
Antes de las PASO los depósitos en dólares sumaban 32.578 M, luego la gente sacó de los bancos un 28%. El jueves pasado se sacaron unos u$s370 M, cayendo desde los 774 del miércoles, 767 el martes y 933 el lunes. El BCRA, que venía drenando reservas a pazos insostenibles, también bajó el ritmo al punto que el jueves y viernes pasados no intervino.
Esta semana Hacienda y el FMI anunciarían la fecha y lugar del reencuentro. Se juega un desembolso de u$s5.400 M que, dado el modelo macrista, es importante porque el Gobierno enfrenta un faltante de financiamiento de aquí a fin de año de unos u$s8.000 M y $400.000 M.
La suba del dólar asusta porque explicaría un 40% de la suba del IPC, según Ecolatina. Cierto o no, el error consiste en creer que el aumento del IPC es la inflación cuando son cuestiones muy ligadas, pero diferentes y, por cierto, el precio del dólar sube como suben todos los precios dada la inflación, o sea, es culpa de la inflación y no al revés.
Como ya hemos estudiado varias veces, inflación es exceso de moneda respecto de la demanda en tiempo real. Es decir, una vez emitido el exceso, retirar circulante con instrumentos como Leliq es inflacionario porque contrae la demanda.
Dada la inflación, el dólar barato que ofrece el BCRA y las altas tasas de las Leliq, la demanda de dinero es exclusivamente transaccional y las operaciones caen al ritmo de la economía. En 2015, la demanda se mantuvo estable en el 20% del PBI que, desde entonces, cayó un 40% en dólares mientras la base monetaria casi se triplicó.
Desde otro punto de vista, al considerar la emisión debe incluirse la base monetaria pero también todos los pasivos monetarios del BCRA que suponen, además de la base, los instrumentos de absorción monetaria como las Leliq. Dada la meta de expansión cero, entre septiembre 2018 y julio 2019 la base monetaria se mantuvo constante, pero el pasivo monetario creció al 43,4% anual debido al pago de los intereses de Leliq. Y, por cierto, a mayor tasa, mayor crecimiento del pasivo y, consecuentemente, de la sobreoferta monetaria.
Vender dólares baratos es inflacionario porque absorbe artificialmente demanda de pesos. Hay que sumar que, por las últimas medidas populistas a causa del susto post -PASO, el déficit primario rondaría los $150.000 M, más del triple de lo esperado el mes pasado -$ 41.000 M- y seguramente esto lo financiarán con emisión.
Para remate de las contraproducentes medidas del Gobierno, forzar a los exportadores -que esta semana ingresarían unos u$s500 M- a liquidar también es inflacionario porque estimula artificialmente la emisión de pesos cuando el mercado no lo demanda.

Publicado en Ámbito Financiero.
 

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