Los organizadores del debate presidencial perdieron dos grandes oportunidades
Javier Cubillas
Analista de Asuntos Públicos, Fundación Atlas para una Sociedad Libre.



Recién se analizan los primeros resultados de la primer parte del Debate Obligatorio a Presidente que la ley 27.337 manda a realizar. Jornada impecable y espectacular en materia de cobertura mediática y en las redes sociales, falló en lo organizativo institucional, al no lograr el Consejo Asesor ni la Cámara Electoral en términos de gestión de un evento público de magnitudes únicas e irrepetibles, implantar dos cuestiones:
 
1-   Un verdadero debate con roles de moderadores que le den dinámica a la discusión de los temas. Sólo alcanzaron a consagrar un régimen de monólogos y meros presentadores y contadores de tiempo.
2-   Y, un verdadero issue internacional para evaluar políticas públicas como común denominador a la hora de articular el debate, no sólo en estas jornadas, sino de acá hasta el 2030.  Por esto, los tópicos de los 17 Objetivos de Desarrollo de Sostenibilidad como los aglutinadores y guía simbólicos del temario del debate no fueron tenidos en cuenta y ni siquiera fueran enunciados como tales. Perdieron la gran oportunidad de instalarlos para esta década.
 
En este sentido, siguiendo el espíritu del “Artículo 64 octies: Temas a debatir” de la ley, quedó demostrado que la misma ha sido sobre regulada y atada por los temores de los propios actores políticos buscando controlar sus discursos perdiendo entonces la ciudadanía, verdadera escrutadores y para la cual se legislaron los debates, la espontaneidad que permite ver las inseguridades y diferencias reales entre cada exponente en sus posiciones ideológicas. 
 
De igual modo, aún perdiéndose espontaneidad de los candidatos, resultó aún más llamativo que la prensa, sector que viene siendo atacado por distintos sectores corporativos y políticos se haya conformado con el rol de meros presentadores después de pasar por épocas de no poder preguntar, no tener conferencias de prensa de jefes de gabinetes ni de presidentes y de sobrevivir en medios maniatados por la pauta publicitaria. ¿ADEPA tendrá algo para decir al respecto?
 
Finalmente, nos es novedad que las oportunidades perdidas se pagan en esta Argentina en términos de décadas. Es así, la historia nos lo enseña de manera cíclica, porque mantenemos errores por sesgos y temores sociales y perdemos oportunidades por nuestras propias debilidades a la hora de institucionalizar cambios republicanos. Por esto, los Debates Obligatorios Presidenciales 2019 dan cuenta de una perdida al no consagrar una verdadera dinámica de debate y permitir que se escuchen propuestas para alcanzar el cumplimiento de las metas de los ODS, como un común denominador, para discutir sobre nuestros asuntos públicos. Una suerte de Pacto de la Moncloa con 17 cláusulas.
 
Lo que si resultó novedoso es que, en esta primer exposición, los actores se mostraron como candidatos que respecto a la realidad y los cambios de época (emprendedores, innovación, tecnología, presupuesto, integridad, relaciones internacionales) se pueden distinguir entre los siguientes ejes: Los apocalípticos (Del Caño, Fernández), los integrados (Macri y Espert) y los desconectados (Lavagna y Centurión). 
 
Falta una semana para la próxima jornada. Esperemos que la sucesión de estos eventos en nuestra historia, verdaderamente ayude a que la experiencia nos guie con mayor razonabilidad y prudencia en la construcción de mejores instancias de debates institucionales.
 
 

 

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