El voto rumbo o por qué el balotaje es posible
Diana Ferraro
Escritora



Desde un punto de vista liberal, nos cuesta perdonar al Presidente Macri por su falta de resolución rápida de la economía, aunque siempre está a tiempo de mejorar su caudal electoral con una presentación de su próximo ministro de economía y el plan de convertibilidad que, aceptando el carácter bimonetario de nuestro país, permita una rápida baja de las tasas de interés y un control eficaz y final de la inflación,

Desde un punto de vista peronista, luego de la incorporación de Miguel Ángel Pichetto a la fórmula, sólo podemos reprocharle una cierta falta de convicción en lo que el peronismo no incluido en el Frente de Todos, puede aportarle, sobre todo si dejase de insistir con la falsedad de los “70 años” de mal manejo de la economía, un lapso que no sólo incluye a un Perón al que hay que rescatar por otros motivos, sino al exitoso período de estabilidad macroeconómica de Menem-Cavallo. 

Desde un punto de vista independiente y escéptico, sólo podemos, sin embargo, sobreponernos a la decepción y no auto-engañarnos con la ilusoria promesa del regreso de un kirchnerismo “bueno”, negando en éste el rumbo opuesto por definición en la presencia de Cristina Kirchner en la fórmula. Nadie quiere tropas o inteligencia cubana actuando en la Argentina como lo hacen en Venezuela para blindar a Maduro, y tampoco la “sobreprotección” rusa o china de nuestros aparentes intereses.

A pesar de los reproches, desde un punto de vista general, que incluye a liberales, peronistas, radicales, e independientes, uno sólo puede agradecer al Presidente Macri que haya mantenido su promesa de integrar a la Argentina al mundo, de trabajar mejor por la seguridad y la inclusión de todos los argentinos en la red de servicios públicos, y de, a pesar de su poca habilidad para lograr resultados, rescatar la idea general de una economía libre, que ayude también a nuestra integración en el mundo del comercio internacional. Es por eso que, lejos de castigar al Presidente  Macri con un voto negativo o desdeñoso en su misma inexistencia o, peor aún, desplazado hacia la oposición como forma de resaltar la protesta, muchísimos argentinos que no lo votaron en las PASO, lo votarán esta vez.

Conscientes de que todo se puede mejorar, de que no todo estuvo mal hecho pero, por sobre todas las cosas, de que hay que preservar la opción de una Argentina viable, una Argentina que pueda permanecer e influir en el G-20 con la frente en alto, y una Argentina dispuesta a luchar por su crecimiento y por el desarrollo de su postergado pueblo en igualdad, los argentinos decididos a que no nos roben nuestro futuro, votaremos por Macri-Pichetto. Protegeremos así el rumbo, allí hacia dónde más de la mitad de los argentinos con libertad de elección podemos ir: hacia una Argentina democrática e integrada al mundo, hacia una economía libre y con igualdad de oportunidades.

Los que aún quieren seguir marcando el juego—con buenas razones para ello—cortarán boleta y, marcando el claro rumbo que señalan Macri y Pichetto, los votarán como presidente y vice para asegurar el balotaje y el rumbo, y marcarán su diferencia con los diputados y senadores nacionales allí dónde se los elija en la misma oportunidad. No hay ningún motivo, en este reñido balotaje, para que nadie pierda su voto con Lavagna, Espert o Gómez Centurión que están allí sólo en forma testimonial y para identificar a sus poco conocidos diputados y senadores. A esto lo llamamos voto útil, y en este caso, no es sólo útil para asegurar una mayoría que pueda ir al balotaje sino útil también para marcar el mismo rumbo de libertad e integración al mundo que esos candidatos quieren, tanto o más, en algún caso, que los mismos Macri y Pichetto. Sus diputados y senadores los representarán.

El voto al Frente de Todos es, para todos aquellos que tienen claro el rumbo general de la Argentina, un voto ilusorio—¡de que los Fernández puedan ser los nuevos Menem!—cuando no un voto desesperanzado a la hora en que cada voto cuenta para hacer la diferencia en el otro sentido.

Lavarse las manos y no votar o votar en blanco o votar por cualquier candidato ignoto como broma para marcar el escepticismo, es cuando menos suicida, si no se reconoce que lo que está ahora en juego no es el juicio sobre la gestión de Macri, sino el rumbo y el destino final de la Argentina.

El domingo 27 de octubre, la Argentina no estará en las manos de sus dirigentes sino en las manos de los argentinos, en especial de aquellos que tienen la libertad de elegir en nombre de aquellos que, presos de sus necesidades y de su incomprensión de qué les puede en definitiva brindar un país libre y una existencia digna, votarán por lo que creen será un alivio inmediato aunque vuelvan a sufrir después.

Al igual que sus dirigentes que aún deben mejorar muchísimo, la Argentina será  lo que deba ser gracias al voto de una nueva mayoría que tenga el rumbo claro, y si no, no será nada.

 

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