Guerras comerciales: hechos y falacias
Steve Hanke
Senior Fellow en Cato Institute, Washington DC.



El presidente estadounidense Donald Trump, junto con muchos otros, tiene una visión simple acerca del comercio internacional, particularmente del balance externo de EE.UU. Ellos creen que un déficit exterior es una enfermedad causada por los extranjeros que manipulan los tipos de cambio, imponen aranceles y barreras no arancelarias, roban la propiedad intelectual, y realizan prácticas comerciales injustas. El presidente y sus seguidores sienten que EE.UU. es victimizado por los extranjeros y que esto se refleja en la balanza comercial negativa del país.
Esta visión mercantilista del comercio internacional y de las cuentas exteriores está mal concebida. El balance exterior negativo de EE.UU. no es un “problema”, ni tampoco sería este causado por los extranjeros que realizan actividades malvadas. El balance exterior negativo de EE.UU., que el país ha registrado cada año desde 1975, es “made in USA” —un resultado de nuestra deficiencia de ahorros.
Para observar correctamente el balance exterior, el enfoque debería estar en la economía doméstica. El balance exterior es hecho en casa; este es producido por la relación entre los ahorros domésticos y la inversión doméstica. Los extranjeros solo entran en la película “a través de la puerta trasera”. Los países que mantienen déficits en su balance exterior deben financiarlos prestándole recursos a países que mantienen superávits en su balance exterior.
Es la brecha entre los ahorros de un país (léase: ingreso menos consumo) y la inversión doméstica lo que conduce y determina su balance exterior. Este hecho puede ser fácilmente comprendido estudiando la identidad ahorros-inversión:
CC = Aprivada – Iprivada + Apúblico – Ipública
CC es el balance de la cuenta corriente, Aprivada es el ahorro de los particulares, Iprivada es el gasto doméstico en inversión privada, Apúblico son los ahorros del estado, e Ipública es el gasto doméstico en inversión pública. De esta manera, Aprivada – Iprivada es la brecha para el sector privado y Aprivada – Ipública es la brecha entre los ahorros y la inversión del sector público. Para obtener una derivación completa de esta fórmula, ver “The Strange and Futile World of Trade Wars” por Steve H. Hanke y Edward Li en la edición de Otoño de 2019 del Journal of Applied Corporate Finance.
Primero, la brecha entre los ahorros nacionales y la inversión nacional determina el balance de la cuenta corriente. Tanto el sector público como privado contribuyen a través de sus respectivas brechas ahorro-inversión. La contraparte del balance de la cuenta corriente es la suma de la brecha privada entre ahorros e inversión de privados y la brecha entre ahorros e inversión pública (léase: el balance del sector público).
El déficit externo de EE.UU., por lo tanto, refleja lo que está pasando en la economía doméstica de EE.UU. Esto es cierto para cualquier país, incluso aquellos con superávits exteriores significativos. El gráfico abajo, que coincide con la identidad ahorros-inversión, muestra esto de manera clara. EE.UU. muestra una deficiencia de ahorros y un balance de cuenta corriente negativo que refleja su brecha negativa entre ahorros e inversión. Japón y China muestran superávits de ahorro, y ambos tienen superávits en sus cuentas corrientes que reflejan sus brechas positivas entre ahorros e inversión.
El cuadro abajo muestra nuevamente que los datos de EE.UU. respaldan la importante identidad entre ahorros e inversión. El déficit de cuenta corriente que EE.UU. ha acumulado desde 1973 es $11.488 billones (“trillions” en inglés), y la cantidad por la cual los ahorros totales están por debajo de la inversión es $11.417 billones. Pero, ese no es el final de la historia. Los datos desagregados de EE.UU. que están disponibles nos permiten calcular tanto la contribución de privados como del estado al déficit en la cuenta corriente de EE.UU. Como se muestra en el cuadro, el sector privado de EE.UU. genera un superávit de ahorros —esto es, los ahorros privados exceden la inversión doméstica privada— así que de hecho reduce (hace una contribución negativa a) el déficit en la cuenta corriente. El estado aparece en un marcado contraste con el sector privado, correspondiéndole al estado una deficiencia acumulada de ahorros —esto es, la inversión doméstica del estado excede los ahorros del estado, resultando en déficits fiscales—es casi el doble del tamaño del superávit del sector privado. Claramente, entonces, el déficit en la cuenta corriente de EE.UU. está siendo provocado por los déficits fiscales del estado (federal, más los estaduales y de gobiernos locales). Sin un superávit importante acumulado en el sector privado, el déficit en la cuenta corriente de EE.UU. acumulado desde 1973 sería casi el doble de lo que ha sido registrado.
La implicación clara de este análisis es que el presidente Trump puede acosar a los países que identifica como comerciantes injustos y les puede imponer todas las restricciones que su corazón desee a los socios comerciales de EE.UU., pero no logrará cambiar el balance en la cuenta corriente. El déficit en la cuenta corriente es solamente un reflejo de la deficiencia de ahorros de EE.UU., en la cual el déficit fiscal del estado es el proverbial elefante en la habitación.
Y, ¿cómo se financia el déficit en la cuenta corriente? Bueno, resulta que los extranjeros que generan superávits de ahorros y superávits en sus cuentas corrientes financian los déficits en la cuenta corriente de EE.UU. Es claro, por lo tanto, que los balances de la cuenta corriente constituyen nada más que una medida del comercio internacional de ahorros.
Considerando esto, las políticas fiscales de la administración de Trump, las cuales prometen déficits fiscales cada vez mayores, socavaran los objetivos de su política comercial. De hecho, si sus déficits fiscales no son compensados con un aumento en los ahorros privados en relación a la inversión privada, los aumentos en el déficit del presupuesto federal se convertirán en déficits en la cuenta corriente cada vez mayores. De manera que el déficit en la cuenta corriente de EE.UU. no solo continuará siendo hecho en EE.UU., sino que será considerablemente aumentado por el mismo presidente Trump —el supuesto archienemigo de los desequilibrios exteriores.
La buena noticia, sin embargo, es que EE.UU. ha sido capaz de financiar su déficit en la cuenta corriente con relativa facilidad. De hecho, los extranjeros han estado más que dispuestos a parquear sus ahorros en activos denominados en dólares de EE.UU. Esto es evidencia del papel que juega el dólar como la moneda de reserva a nivel mundial, de la confianza en EE.UU. como sujeto de crédito, y de la eficacia de la gobernabilidad corporativa en EE.UU.
El nivel de analfabetismo económico que rodea al mundo extraño de la política comercial internacional es sorprendente. Ahora tenemos argumentos irrefutables y evidencia que explica por qué el balance exterior de un país está determinado de manera doméstica, no por los extranjeros. Como muestra la historia de la política comercial, es difícil cambiar las creencias falsas con datos. Pero ahora tenemos más evidencia contundente que nunca antes para refutar estas creencias falsas.
Este artículo fue publicado originalmente en Forbes.com (EE.UU.) el 15 de octubre de 2019.


 

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