Peronista liberal y liberal peronista: Dos categorías para incorporar
Diana Ferraro
Escritora




Como unos cuantos lectores ya saben, hace ya mucho tiempo que venimos insistiendo en el reconocimiento del peronismo liberal y de su complementario liberalismo peronista, como dos categorías políticas que, si bien son muy resistidas por extremadamente explícitas y realistas, hubieran sido de mucha utilidad al gobierno saliente de Macri. Por otra parte, estas categorías serán, sin duda, de crucial importancia para volver a separar las aguas en un peronismo falsamente unido por la conveniencia, la traición oportunista y la confusión ignorante de cuadros políticos insuficientemente preparados para representar y gobernar correctamente.

Todos estos años en que se ha hablado de “brecha” se ha hablado principalmente de la oposición entre liberales republicanos y autoritarios kirchneristas izquierdistas. Con un mal calculado oportunismo electoral—como se vio en los pobres resultados de Macri—se montó esa brecha original, compartida por gran parte de la sociedad, incluyendo amplísimos sectores del peronismo (liberales o no), sobre una división histórica mucho más relevante y profunda: la oposición entre liberales y peronistas. El resultado de la torpísima decisión fue el de lograr una unión de vastos sectores del peronismo al kirchnerismo. Así los liberales, y con ellos los ausentes peronistas liberales, perdieron su lugar frente a una coalición que no hizo más que cumplir la fantasía del lado opuesto y, posiblemente, seguir hoy profundizando la oposición peronista-liberal hasta límites que aún no podemos conocer pero sí legítimamente temer. Una brutal radicalización del kirchnerismo no es descartable si la ex presidente Kirchner, ahora vicepresidente, decide reemplazar a su siempre descartable presidente, en la medida en que éste fracase o desobedezca.

Aún con la tardía adhesión de Miguel Ángel Pichetto como representante de un  peronismo republicano y no explícitamente liberal, como hubiera sido el caso si alguien hubiera osado tomar el toro por las astas y proponer, junto a Pichetto, la solución económica audacísimamente liberal que el peronismo, y sólo el peronismo logró ejecutar con éxito durante la primera parte de los años 90, otro hubiera sido el cantar. Pero, ¿cómo podía el macrismo y Juntos por el Cambio hacer la conversión ideológica necesaria en tan poco tiempo, convocar al peronismo afín con mayor intensidad y con la promesa de repetir la hazaña de los 90 y volver a zanjar y borrar para siempre la obsoleta oposición entre liberales y peronistas? Hubiera hecho falta un conductor de genio o, por lo menos, un conductor audaz, y, lamentablemente, el pronto ex presidente Macri no lo fue. Nos conviene, sin embargo, volver a considerar esta falla política básica que se sumó a la ya bastante clara falla económica de creer que con mejorar e intentar eliminar el déficit fiscal era suficiente cuando era necesario, en simultáneo, hacer una profunda reforma monetaria que permitiese el uso indistinto de pesos o dólares en la economía y que reordenase todo el sistema bancario al servicio de la producción y el crédito. Había que ser MÁS liberales en la economía, del mismo modo que el peronismo de los 90 supo serlo, y los liberales, a la vez, en lo político,  tendrían que haber sido más peronistas, como lo fue y siguió siendo hasta la fecha Domingo Cavallo, una figura que todavía espera el debido reconocimiento de los argentinos, si es que éstos entienden alguna vez cuál fue su patriótico rol en 2001 y quiénes fueron los verdaderos artífices de la catástrofe de Diciembre 2001 y del trágico año 2002. Sobre esto ya hemos escrito demasiado y seguimos esperando que alguna vez la lucidez colectiva haga justicia.

Para rescatar de la experiencia Macri y de Juntos por el Cambio, que tuvo muchos aciertos tal como su política exterior—un buen calco de la política exterior de los años 90, justamente—tenemos una doble lección que aprender. Desde 1945 hasta los años 90, la Argentina estuvo dividida en dos campos irreconciliables: el exitoso liberalismo del pasado y el justiciero peronismo que cumplió con sus metas sociales pero pocas veces con sus necesidades económicas, en gran parte por esa oposición manifiesta, incluso con su carácter de guerra civil, debido a una necesaria revolución social que no se terminaba de digerir. En los 90, esa oposición se saldó políticamente de la mano de dos conductores de genio, Carlos Menem en la conducción política y Domingo Cavallo en la conducción económica. Un matrimonio peronista liberal y liberal peronista que no volvió a expresarse en la política argentina hasta el tímido noviazgo entre Macri y Pichetto.

En la Argentina no habrá solución política posible y mucho menos unión nacional y aún menos solución a la economía, si los peronistas no abrazan al liberalismo como su complemento natural en la economía y los liberales no abrazan al peronismo (encarnado en los sindicatos a modernizar) como su complemento natural en la política social y de reparto. No habrá forma.

El liberalismo nos hizo grandes en el pasado: lección para digerir, por fin, por un peronismo escasamente instruido por dirigentes poco formados o demagógicos. El peronismo nos hizo grandes en el pasado, con su brillante revolución social que creó la clase media más importante de América Latina: lección para digerir por un liberalismo anclado en un racismo mal disimulado y en un anti-sindicalismo que insiste en ignorar las posibilidades de un sindicalismo pensado desde su inicio como un conjunto de organizaciones libres del pueblo e independientes del Estado.

En los próximos meses, asistiremos a una nueva versión de gobierno peronista que intentará sus propios inventos y, previsiblemente, sus propios fracasos, ya que llega en nombre del anti-liberalismo, avanzando así poco o nada en relación al pasado reciente tanto en lo político como en lo económico.

Resultará, entonces,  muy útil que los avanzados peronistas liberales y sus hermanos, los avanzados liberales peronistas, tanto en la coalición del gobierno como en la coalición de la oposición se unan en una estrategia que sorprenda a los argentinos y los haga, por fin, sentirse genuinamente representados.

El nuevo liderazgo y la posibilidad de un verdadero nuevo gobierno, basado en las premisas correctas y simultáneas de peronismo y liberalismo, surgirá de esa claridad conceptual. Primero en la opinión pública, si el periodismo colabora, luego, en el Congreso, articulando nuevas alianzas que vayan modificando los fracasos que nos esperan de persistir en los errores del kirchnerismo y en la ceguera del macrismo, y, por último, conquistando el ejecutivo y logrando el regreso a las bases peronistas y liberales de los años 90, corregidas y perfeccionadas.

Nada ayudará más a la unión de peronistas y liberales como reconocer este común pasado histórico, ese que consiguió un rápido y contundente éxito durante una larga temporada. Lo suficientemente larga como para que hoy podamos concentrarnos en sus éxitos y no descartarla por sus errores. La victoria nacional está en su huella.
 

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